No son halagüeñas ni esperanzadoras las perspectivas de una nación en la que el 50 por ciento de los desempleados subsiste gracias a la ayuda social y a las remesas. Pero habría que ver si la respuesta ante la dramática realidad expuesta por el presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), Lisandro Macarrulla, está en la estrategia de desarrollo que promueve el Gobierno. Porque la verdad es que desde tiempos inmemoriales se han aireado las más diversas estrategias, pero sin ningún resultado positivo. En una nación en donde la Constitución y las leyes se vulneran olímpicamente no cabe la esperanza de que se cumplan acuerdos ni consensos sobre programas a largo plazo. Al hablar del parasitismo social que se fomenta desde el poder para ganar capital político, Macarrulla contribuye a desmontar la propaganda sobre el desarrollo de las fuerzas productivas. Para que no se quede en el aire, el sector empresarial debe jugar un papel más activo para modificar una realidad que lleva la nación por un camino incierto. De todas formas las perspectivas, sin que nadie se llame a engaño, son escabrosas. Hay que reconocerlo.
