El periódico El Nuevo Día, de Puerto Rico, atribuye a la debilidad financiera que República Dominicana se haya convertido, como denunciaron autoridades federales, en la principal lavadora del Caribe de dinero ilícito. Si a la investigación del diario boricua se agrega el informe de que aquí se lavan cada año unos 1060 millones de dólares no cabe la menor duda de que el caso merece que se le preste atención. Después de todo, es la imagen de la nación la que está en juego. En un reportaje El Nuevo Día cita que las condiciones económicas de una nación en que la mitad de la población vive por debajo de la pobreza no se corresponden con las torres de fastuosos apartamentos, los vehículos de lujo que inundan las calles y los restaurantes de alto nivel. Y lo que es peor que el lavado de dinero ilícito, procedente del narcotráfico, se realiza sin despertar ni siquiera sospecha en las autoridades. Como prueba señala los vehículos y las lujosas villas y mansiones adquiridas por los boricuas José David Figueroa Agosto y Omar Díaz, cabecillas de una red de narcotraficantes. Las informaciones sobre el lavado son muy compromtedoras y no deben caer en saco roto.
