Se trata sin duda alguna de un mensaje sin sordina a la comunidad internacional la advertencia del presidente Barack Obama de que barrerá con el terrorismo en Pakistán. Hasta ahora toda su atención se había centrado en su programa de recuperación económica, pero al parecer entiende que ha llegado el momento de prestar atención a conflictos externos protagonizados por Estados Unidos.
Al dar a conocer la nueva estrategia de Washington en la guerra en Afganistán, Obama utilizó el tono enérgico que ha caracterizado el discurso de los gobernantes estadounidenses en esos casos.
No se puede confundir la lucha contra Al Qaeda, que reivindicó los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, con la mano que Obama le tendió a Irán. Porque su administración está dispuesta a conciliar con todos los países con tal de eliminar la amenaza a la paz y la seguridad que atribuye al terrorismo.
Como en política nada es al azar, de la afirmación del gobernante se deduce que ya la economía está en proceso de iniciar el camino de la recuperación. Aunque sea bastante largo y escabroso.
Sus señales internas han sido de que tiene bien amarrado el cinturón para lidiar, sin temor a las consecuencias, con la crisis financiera. Su mensaje contra el terrorismo contiene sin duda alguna el mismo propósito.
La advertencia de Obama coincide con el ataque de un kamikaze que costó la vida a decenas de personas en una mezquita de Jamrud, Pakistán.
