La muerte atropellado por una patana en La Vega del pedalista Leonardo Grullón, miembro de la Selección Nacional de Ciclismo, plantea más que sentidas lamentaciones. El penoso accidente en que otros ciclistas resultaron heridos traduce la falta de seguridad con que se preparan los deportistas para competencias nacionales e internacionales. Grullón y sus compañeros no contaban, como procede, con ningún de escoltas en las prácticas que realizaban en una pista tan congestionada como la Duarte. No se trataba de simples aficionados, sino de atletas de alto rendimiento que, en cualquier caso, deberían estar acompañado de una ambulancia o alguna unidad facilitada por la Federadión Dominicana de Ciclismo. Grullón, de 23 años de edad, había ganado varias vueltas nacionales y se preparaba con los otros tres que resultaron heridos para competir en los Juegos Centroamericanos y del Caribe a celebrarse en Mayagüez, Puerto Rico. El doloroso accidente debe motivar a las autoridades y a las entidades deportivas para tomar las previsiones que garanticen en todas las circunstancias la seguridad de los atletas. No basta con lamentaciones.
