Sin pretender alegrarse por el despido o cancelación de un empleado público, la destitución del director de la Oficina Técnica de Transporte Terrestre (OTTT), Franklin Beltré Cabral, debería servir de advertencia a funcionarios o servidores del Estado que erróneamente han creído que con sus nombramientos se han sacado la lotería.
El presidente Leonel Fernández destituyó a Beltré Cabral mucho tiempo después que confesó en entrevista concedida a la periodista Nuria Piera que nombró a un lote de familiares suyos en la OTT, que contrató un cocinero especial para su casa y que dispensaba salarios a gente que no trabajaba en esa dependencia.
A lo que se aspira es a que el Poder Ejecutivo no dormite ante frecuentes denuncias sobre irregularidades atribuidas a funcionarios, y obviamente, también se reclama que el Ministerio Público y la justicia pongan de su parte para frenar la corrupción.
El decreto que nombra a Angel Segura Soto en sustitución del polémico funcionario fue revelado cinco días después de su firma por el Presidente, lo que indica que la tortuga hace de mensajero en casos tan delicados.
Aunque el destituido director de la OTTT no ha sido instruido por ningún cargo criminal, su separación de esas funciones públicas debería servir de advertencia a otros colegas, a los que se aconseja poner sus barbas en remojo, aunque también se teme que este haya sido un decreto aislado.
