La captura en Cotuí y su extradición inmediata a Estados Unidos de un colombiano acusado de encabezar una poderosa banda internacional de narcotraficantes representa otro golpe contundente contra la criminal operación.
Jefferson Marín López, detenido por agentes de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) y la DEA de Estados Unidos, figura entre los 28 acusados de la organización desmantelada el 23 de noviembre en Colombia.
La banda, según un despacho de prensa, era responsable del envío del 85 por ciento de la cocaína y heroína colombianas que entraba a Estados Unidos a través de Venezuela y República Dominicana. Se habla de que otros pejes gordos en el negocio son activamente perseguidos en el país para ser extraditados.
Contra López, de 27 años de edad, había una orden de arresto del juez Kelvin Nathanuel Fox, del Distrito Sur de Nueva York. No se informó cómo el colombiano entró a República Dominicana.
Desde que se descubrió la pandilla internacional que controlaba el negocio de las drogas, la captura en Cotuí del colombiano representa uno de los golpes más contundentes propinados últimamente al narcotráfico. En ese sentido es justo reconocer la gran labor desplegada por la DNCD para ubicar al supuesto capo.
La extradición inmediata expresa el interés que tenía para Estados Unidos la captura del colombiano, quien parece, sin duda alguna, una figura importante en el siniestro negocio de las drogas.
