El Gobierno debería prestar particular atención a un informe técnico del Diálogo Interamericano que revela que las remesas hacia América Latina se reducirán en un siete por ciento a causa de la crisis global, y que República Dominicana figura entre las naciones más afectadas.
Ese informe revela que un millón de familias quedará excluída de recibir remesas y otros cuatro millones sufrirán reducciones en sus ingresos por ese concepto, situación que se sentirá con mayor fuerza en República Dominicana, Haití, Nicaragua y Paraguay.
Se subraya que los ingresos por flujos de remesas superan aquí los tres mil millones de dólares anuales, equivalentes a un siete por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), lo que ofrece una idea de lo devastador de ese golpe.
Incremento de desempleo entre latinoamericanos que viven fuera de sus países, reducción del ingreso, menores flujos migratorios y repatriaciones masivas son algunos de los ingredientes que causan la disminución del envío de remesas hacia el Continente.
Más que intentar minimizar el impacto de esta penosa realidad económica, conviene que el Gobierno procure medidas alternas para disminuir las previsibles consecuencias que se derivan de la drástica reducción de los dólares que envían a sus familiares los dominicanos que viven en el exterior.
El informe no es un invento. Se trata más bien de una advertencia sobre los efectos de la crisis financiera.
