Página Dos

Cójanlo

Cójanlo

¿Qué puede pensarse de una democracia en la que en cinco meses, sin más razones que el activismo proselitista, la Cámara de Diputados sólo sesionó en dos ocasiones? Podría decirse que es una democracia a la medida de los intereses de la claque que se disputa el poder político. Dejar de trabajar para promoverse, pero disfrutando de sueldos y otros emolumentos, pone una marca muy    particular al quehacer político en República Dominicana. El ausentismo habla claro de la clase de Congreso por el que un país tan pobre se gasta una fortuna. Es probable que la práctica no se verifique en ninguna otra nación del mundo. Si sesionan cuando quieren y por lo que además cobran, entonces se entienden más claramente las razones por las cuales el ciento por ciento de los congresistas ha procurado permanecer en sus curules. Más que un cuerpo para aprobar y fiscalizar la aplicación de leyes tanto la Cámara de Diputados como el Senado se han constituido en un vergonzoso antro de privilegios irritantes. Los legisladores son los “servidores” mejor remunerados de la administración pública, y, para colmo, no tienen quien los fiscalice.

El Nacional

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