Si bien se ha apoyado en compromisos de pago, desde todo punto de vista resulta sensata la decisión de la empresa Aes Dominicana de levantar el embargo contra las cuentas de las distribuidoras de electricidad.
Aunque sea un mecanismo de presión, con el bloqueo comercial la generadora no iba a conseguir que las distribuidoras le abonaran 150 de los 359.4 millones de dólares que reclama.
Aes dice haber dejado sin efecto el embargo en base a una promesa de pago y al compromiso del Congreso de enmendar la ley de bonos a través de la cual el Gobierno saldó parte de la deuda.
Pero con un sistema eléctrico que transita el colapso el embargo a las cuentas de las distribuidoras podría contribuir a precipitar la caída. La flexibilidad ha sido un respiro.
La decisión de Aes no deja de representar un compromiso para el Gobierno. La generadora alegó que una vez más confía en las promesas de pagos de las autoridades.
Representantes del sector eléctrico habían pedido a la firma que levantara el embargo para negociar una salida al conflicto. Era, en realidad, lo que había que hacer.
El Gobierno sabe que tiene que pagar y además evitar que la crisis vuelva a repetirse. No puede quedar mal en el compromiso que ha asumido.
Lo deseable será siempre que se transparente y estabilice un servicio que al país y los consumidores les cuesta un ojo de la cara. Porque además de los tediosos y permanentes apagones está el problema de la facturación.
