República Dominicana está muy lejos de alcanzar los llamados Objetivos del milenio si entre las condiciones figuran, como dijo un funcionario de las Naciones Unidas (ONU), una administración pública profesional, eficaz, capaz y blindada a los vaivenes de la política.
Es demasiado el sacrificio que ha planteado José Manuel Sucre Sifoni para una administración que, antes que trillar ese camino, ha optado por inflar la nómina a través de la designación de miles de botellas.
El gerente de administración pública y gestión de desarrollo de la ONU considera que la voluntad política es crucial, pero lamentablemente por aquí ni siquiera se cumple la ley que regula la función pública. Esa es la queja hasta de asesores prominentes del Gobierno.
Para conocer y enfrentar esa realidad el Gobierno no necesita asistencia ni cooperación de ningún organismo internacional. Se trata de una verdad que está a la vista de todos la que quieran verla.
Sería una iniquidad que se concertaran préstamos internacionales para un programa que con una mínima dosis de voluntad política es más que suficiente al menos para erradicar el clientelismo que corroe la administración pública.
Hasta la inversión en sectores esenciales como la educación y la salud contrastan con la retórica y el interés en profesionalizar el sector público. Y todo por el peso que tiene el funesto clientelismo en el ejericio del poder. Pero, ojalá que los señalamientos de los técnicos internacionales tengan algún tipo de acogida para superar los costosos males.
