Cumbres borrascosas
Con lo que se gastaría en la cumbre mundial contra el hambre que ha propuesto el director de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) se resolvería la crujía de muchos países pobres. Los organismos internacionales deben acabar de entender de una vez y por todas que las cumbres, seminarios, talleres y teorías no resuelven el gravísmo drama del hambre y la pobreza. Son encuentros que salen carísimos, casi por un ojo, a cualquier país.
Entonces no vale la pena desperdiciar recursos en una cumbre como la propuesta por Jacques Diouf para combatir el hambre. ¿Se ha cumplido acaso con los objetivos del milenio y otros programas concebidos para enfrentar la pobreza? Más ayudarían los entes internacionales con programas eficaces para perseguir lacras como la corrupción y otros lastres que obstruyen el desarrollo que con cumbres que al final no pasan de un ejercicio retórico. Si en verdad el director de la FAO quiere que se combata el hambre que piense en otra que no sea una cumbre. Ese no es el camino.
