El nuevo presidente de Francia, Francois Hollande, debutó con el pie izquierdo. Horas después de juramentarse salió para una entrevista con la canciller alemana Angela Merkel, pero el impacto de un rayo obligó a retornar el avión que había abordado para Berlín. No hubo heridos ni especulaciones sobre un eventual atentado. Pero el incidente se ha prestado a comentarios sobre las dificultades con que tendrá que lidiar el mandatario socialista, quien llegó al poder catapultado por la crisis económica que sacude a la nación gala y en alas de un sentimiento de cambio. Hollande, que nada tiene de supersticioso, no interrumpió el viaje. Cambió de avión y habló con la canciller alemana sobre la necesidad de impulsar el crecimiento para que Grecia permanezca en la eurozona. Acordaron en ese sentido poner todas las propuestas sobre la mesa. Frente a la larga inestabilidad política y financiera, Alemania había mostrado a Grecia la salida del euro. Sin embargo, Hollande estima que la salida debe ser para que la nación helena supere su profunda crisis y siga con el euro. En cuanto al incidente del avión para él no será nada, pero por aquí es un mal indicio.
