Al conmemorarse hoy el 87 aniversario de la infame ocupación estadounidense de 1916, la ocasión es propicia, pese al tiempo transcurrido, para reflexionar sobre la soberanía. La inestabilidad política y el endeudamiento que asfiaxiaba a la nación forman parte del pretexto enarbolado por Estados Unidos para humillar la soberanía a través del desembarco. Hoy el endeudamiento constituye una gran preocupación. Es muy significativo que el abuso, que culminó en 1924 a través del acuerdo Hughes-Peynado, ocurriera en el contexto de la Primera Guerra Mundial. Para Washington, tanto como la inestabilidad y la deuda era importante el dominio de la zona del Caribe para repeler la influencia europea. Tras 8 años con el control de la nación, las tropas estadounidenses aceptaron marcharse a través de un acuerdo que les reconocía sus intereses en el territorio. El convenio contemplaba celebrar elecciones, pero también el control de las aduanas hasta que el país saldara la deuda con la potencia. Durante la ocupación se construyeron obras y se modernizó la Administración Pública, pero nada que se hiciera compensa el abuso contra la soberanía.
