Semana

Como cada Domingo

Como cada Domingo

Por Natascha Sing

 

Todo crimen duele. Todo asesinato nos lacera una parte personal de cada quien, al menos así debería ser en una sociedad sensible. Pero hay crímenes, por la forma en que se produce, que lastiman mucho más el alma. Son hechos que nos hacen preguntar porque Dios permite que ocurran hechos que cual estilete afilado, penetran ex professo el cuerpo social y se restregan contra el rostro sorprendido de una comunidad que no llega a entender cómo se produce un crimen tan ofensivo y gratuito como el de Natasha Sing.

Soy amigo de juventud de su padre, José Manuel Sing Ureña, y la vi nacer. Corretear como niña inquieta en San Antón, donde hicimos vida en comunidad. Soy amigo de Millaray Quiroga, su compañera y quien ha sentido ese crimen como si hubiera sido ella quien la trajo al mundo.

De la madre de Natascha conservo hermosos recuerdos por su paciencia y su amor por criar y educar correctamente sus hijos. Ella no ha salido en nada. Es bajo perfil. Ha sufrido lo que es capaz de soportar una madre en esa circunstancia.
Hay que reconocer la efectividad de la policía para resolver el caso, e impedir que esos asesinos y sicarios, puedan estar pronto en las calles.

Esa basura humana, hombres o mujeres
?,? que, guiados por la pasión extraviada o por el atractivo de unos pesos para matar por encargo – no importa que se equivoquen de victimas- merece no vivir. Lastimeramente tenemos que conformarnos con mantenerlos vivos tras las rejas.