En una nación en la cual no son tan frecuentes los mejores ejemplos del ejercicio de la función pública no son tan frecuentes como los que podrían ofrecer una Altagracia Paulino (Pro-Consumidor), Elena Fernández (Promese.Cal), Altagracia Guzmán (Senasa); Bauta Rojas Gómez (Salud Pùblica), José Rafael Lantigua (Cultura), Gustavo Rojas Lara (Copresida)m Josefina Pimentel (Educación),- entre otras figuras, es una pena verdadera que el propio Estado se desembarace de un servidor del más alto nivel técnico y ético en la Justicia como es Julio Aníbal Suárez.
Y es una pena mayor, cuando la salida de esos cuadros profesionales ejemplares, se produce en condiciones lamentables para el bien público y en contra de una sana gestión incuesionable.
Creo que el país ha perdido para siempre en la función pública y aun en el caso de que el magistrado al que me refiero, sea favorecido por los recursos que ha interpuesto, al mejor de sus jurisconsultos en materia laboral y poseedor, además de una ética a toda prueba: Julio Aníbal Suárez.
No le interesa volver a tener un escritorio en el más alto tribunal de justicia de la Repú blica Dominicana
Julio Aníbal Suárez estuvo de Juez de la Suprema Corte de Justicia durante 14 años, altísimo tribunal al que llegó de la mano de sus merececimientos profesionales y no por acuerdos o repartición de cuotas partidarias.
Y sus pasos siempre fueron firmes y transparentes.
Se ha perdido, para el ejercicio público, una figura de esas determinantes y cruciales que hacen falta para dar sentido a ocupar un puesto en la Suprema Corte de Justicia.
Lo conozco como amigo personal y compañero de luchas por los derechos humanos durante el dictatorial período constitucional de los 12 años de Balaguer. Y meto la mano en cualquier candela por defender su trayectoria.
Al separarlo de su cargo y en evidente represalia por su autenticidad, quien pierde es el país que se priva de un cuadro profesional de altísimima ética y de una preparación en la especialidad laboral, que no será sencillo reparar.
El huracán Julio Aníbal seguirá estremeciendo en su búsqueda de justicia, no ya de su reposición en el alto cargo judicial.
Mi voz se levanta nueva vez en su defensa.

