Las comparaciones, cuando convienen, son esgrimidas como medio de seducción electoral. Nadie olvida a Leonel Fernández preguntarle a una multitud de seguidores quién les había subido el precio del arroz, de la carne y de los huevos. Indudablemente, se trató de un recurso populista, pues además de que el país sufría entonces la devastadora secuela de la quiebra bancaria que el PLD se negó a darle el pecho en su primera gestión, la inflación no es un efecto extraño en ninguna economía.
Si observamos hoy la variación de precios de los mismos productos, y también de los que él omitió, veremos que todos han aumentado considerablemente. En efecto, un pan de agua costaba un peso en el 2004, y ahora 5; la libra de aceite pasó de 18 a 36 pesos y la de cerdo de 45 a 65 pesos.
Pero el alza, al estar asociada al incremento de la oferta monetaria, a las fluctuaciones de la demanda y a los cambios en los costos, es fenómeno económico natural. Ahora bien, las comparaciones que el PLD no está en condiciones de discutir con el PRD son las relativas a las causas estructurales de la crisis. Por ejemplo, los impuestos a la gasolina se elevaron de 23.86 en el 2004, a 81.74, en tanto que los del gasoil pasaron de 6.63 a 43.29.
La cantidad de empleados en zonas francas, de más de 131 mil, se redujo a 42 mil en los 7 últimos años; los auxiliares consulares en Nueva York, de 17 que había en el 2004, se encaramaron a 43. Había 131 viceministros entonces y hoy 325. Asimismo, el número de empleados gubernamentales subió de 393,189 a 580,448, y la nómina anual del gobierno central aumentó de 28,131 a 78,181 millones de pesos. El PLD no está en capacidad de valerse de las comparaciones para mejorar su posicionamiento electoral.
