Opinión

Con Haití en la conciencia

Con Haití en la conciencia

En la tarde del pasado 12 de enero, sentimos en Santiago las sacudidas de un terremoto prolongado de movimientos desconcertantes que impedían caminar y provocaban mareo, imaginando lo fuerte y peligroso para la zona de su epicentro, sin sospechar que fuera tan cerca de Puerto Príncipe, una capital de más de millón y medio de habitantes.

Desde el martes en la tarde, aquí vivimos la pena de Haití, “siamés” con quien compartimos esta hermosa isla de Quisqueya o Ayiti, “tierra alta” de los habitantes taínos, nombrada La Hispaniola por el empeño de Colón y sus colonizadores. Somos dos países pegados por la espalda, una postura incómoda para mirarnos de frente y contarnos nuestras miserias y alegrías, que compartimos a medida que llegan, despachando gozos y lamentos sobre un mismo espinazo compartido.  

 No es justo, no para un país de casi nueve millones de habitantes, 50% analfabetos/as; más de millón y medio concentrados en la capital; una esperanza de vida de apenas 51 años; un índice de desarrollo humano de 0,475; con 0,25 médicos/as por cada 1,000 habitantes; con la tasa de mortalidad materna de las más altas del hemisferio oeste (unas 630 mujeres por cada 100.000 nacimientos); una tercera parte del país sin acceso al agua potable; la prevalencia de tuberculosis de 386 por 100.000 habitantes; la mortalidad infantil de 61,6 por 1.000 nacidos vivos y el 17% de los/as que sobreviven hasta los 5 años, con desnutrición aguda; con una prevalencia del 5,6% de personas adultas con VIH/SIDA.   (Fuente: Informe sobre desarrollo humano 2007/2008 (ONU) y El Estado del Mundo – Anuario económico geopolítico mundial 200, publicado en la página de Médicos/as sin Fronteras)

No es justo, no para un país de muchas luces en su génesis, porque siendo  colonia francesa, sometida a un feroz sistema esclavista, con una población de 300.000 esclavos y apenas 12.000 personas libres, blancos y mulatos principalmente, llevó a cabo una verdadera lucha social, levantándose contra los amos, obteniendo su independencia en 1804 y conformando la primera república negra del mundo. Una proeza que se agrandó hasta el apoyo a Bolívar para la libertad del resto de las colonias españolas de entonces y que nunca reconocimos en la asignatura de Historia en nuestras escuelas latinoamericanas. No es justo, no para un país castigado desde entonces por el colonialismo poderoso, al mayor y más largo bloqueo en la cronología del mundo.

El pueblo dominicano está con Haití, sufre y llora a su lado por la realidad que la naturaleza desnudó para que la conciencia del mundo se conmueva y le devuelva la dignidad a este pueblo sufrido.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación