Opinión

Conanismos

Conanismos

Cuando leo sobre la si dotar a la niñez de la calle con un apellido, pienso en la frase “Mucho ruido y pocas nueces”.

Cada final de año lo que esperamos del Estado y sus agencias para la infancia, el Conani entre ellas, es un reporte sobre cuántos niños han sacado de la calle; cuántos han referido a Centros de Atención; cuantos Centros Vacacionales (con piscina y canchas) han abierto; y a cuantos niños y niñas han entregado en adopción.

Sé de aspirantes a padres que llevan seis años esperando por un niño o niña a quien amar. A dos les acompañe a un intento fallido por entregarles un niño con un soplo en el corazón y padres con SIDA. Su familia extendida objetó que después de una espera como esa que se les muriera el bebé en un año era una crueldad.
También acompañé a un par de profesores españoles que tenían cinco años tratando de adoptar una niña.
Finalmente les entregaron la niña más hermosa que ojos vieran, guardada como trofeo, precisamente durante cinco años, en un orfanato. A esa niña se le privó de unos padres amorosos por, todavía ignoro, cuales razones…

La adopción es un proceso tortuoso en República Dominicana

Cada vez que viajo a Jarabacoa y paso por lo que se construyó como un vacacional para la infancia, con espaciadas cabañitas, se me aprieta el corazón. Hoy convertido en un reparto para la voraz pequeña baja burguesía del PLD; un ostentoso despliegue de mal gusto, me pregunto por qué y quien dispuso que ese recurso de la infancia se entregara a manos privadas.

Porque además de un apellido lo que un niño o niña de la calle necesita es un cálido lugar para dormir, bañarse, comer y educarse. Necesita descubrir que hay gente buena; montañas con ríos y pinares, lagos, donde descansar su fatigada, maltratada, violenta y depredada existencia. Que se llame Juan Pérez o Sánchez es, como todo Conanismo, solo el comienzo.

Al margen de estas consideraciones, hay que celebrar la iniciativa de la Junta Central Electoral, porque como siempre he dicho, la niñez no es culpable de la estupidez adulta y siempre hay que recordar que “todo lo que le hagas a uno de mis pequeños (decía Jesús) a mí me lo haces”.

En lo que se distribuyen los ladrillos para los cuellos de l@s burócratas, un colectivo en Jarabacoa sugirió que a todos esos niños habría que ponerles el apellido de la familia más poderosa del país.

De no aceptar esta ennoblecedora propuesta ofrezco el mío. Me encantaría ver la isla poblada de Viciosos, de Pérez y de Sánchez.

El Nacional

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