Paola Ynés González, siendo apenas una adolescente, participó varias veces como invitada de mi programa televisivo Vertiente de Opinión.
Se debió a que destacó tempranamente en los espectáculos de los cantantes líricos en diversos escenarios, y mostraba ya destreza en sus exposiciones verbales.
Perdí la comunicación con ella cuando marchó al exterior para realizar estudios musicales especializados en reputadas academias internacionales.
Y hoy, los éxitos en su carrera ocupan espacios amplios en los programas impresos de los eventos en los cuales se escucha su hermosamente matizada voz de soprano.
Es por eso que asume el reto de interpretar el Concierto para Soprano Coloratura y Orquesta, del compositor ruso Reinhold Gliere, en la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional.
El espectáculo incluye las obras de Johannes Brahms Obertura del Festival Académico, y la Sinfonía número 4 en Mi Menor.
El afamado director, chelista y compositor norteamericano Kenneth Woods tendrá en sus manos la batuta para trazar la senda melódica de la noche.
El concierto se inicia con la Obertura del Festival Académico, compuesta por el temperamental autor, tras recibir doctorados honoríficos de las universidades de Cambridge y de Breslau.
El director musical de esta última pidió a Brahms que mostrara su gratitud hacia la entidad docente dedicándole una obra de su inspiración.
Y aunque nunca había realizado estudios universitarios, el genial músico participó en fiestas con abundancia de licores y donde se entonaban canciones estudiantiles.
Entonces usó algunas de ellas para componer su famosa obertura, que ha conseguido permanecer en el gusto de los públicos de naciones de todos los continentes.
Brahms compuso cuatro sinfonías, y la última recibió críticas negativas, sobre todo cuando antes de su presentación pública, realizó una reducción para piano a cuatro manos, que interpretó con su amigo Ignaz Brull
La ejecución resultó deficiente, y poco después el crítico musical Max Kalbeck, su biógrafo y admirador, se extendió en consideraciones acerca del carácter difícil de la sinfonía.
Dijo que el scherzo del tercer movimiento parecía insignificante en comparación con las partes que le precedieron,, y que el pasacalle del final no era adecuado para una sinfonía.
Llegó al extremo de sugerirle a su amigo que destruyera el scherzo, y conservara la parte final como obra separada.
Añadió que Brahms debería entonces escribir dos nuevos movimientos para su composición, a lo que este se opuso, defendiendo el uso de la variación final, citando el antecedente similar de la Sinfonía Heroica de Beethoven.
Esta última sinfonía del a veces autocrítico artista alcanzó una gran popularidad, sobre todo en su presentación en la capital austriaca, lo que significó una solicitada incorporación rápida ante exigentes auditorios.
Exhorto a melómanos pasionales, y hasta a los aficionados tímidos de este arte, a no dejar de disfrutar de un concierto que para muchos resultará inolvidable.

