Opinión

Confesiones de Ogilvy

Confesiones de Ogilvy

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David Ogilvy (1911-1999), fue un escocés que laboró en el negocio publicitario y editó uno de los más influyentes libros sobre el mundo de la publicidad: Confesiones de un Publicitario (Confessions of an Advertising man, 1963), en el cual expone sus experiencias en el mundo neurálgico de los anuncios comerciales. En el texto, Ogilvy relata importantes momentos de su vida: fue desde ayudante del famoso doctor Gallup, hasta chef de cocina en París, vendedor a domicilio y visitador social en Edimburgo, lo que le otorgó ese savoir-faire para escribir desde la posición de alguien que sabe bien lo que hace.

A comienzos del año 2004, la revista “Adweek” realizó una encuesta entre la gente que laboraba en publicidad, basándose la misma en una sola pregunta: ¿Qué individuo (vivo o muerto) le hizo considerar una carrera en la publicidad? La investigación se realizó cinco años después de Ogilvy haber fallecido y Confesiones de un publicitario fue la lectura más señalada por los encuestados.
El libro reúne los ingredientes que hacen de una publicación un estupendo best seller: es entretenido, abundante en anécdotas personales (es preciso señalar que está escrito en una «personal» primera persona); reúne vivencias únicas del mundo publicitario, así como una patética sinceridad británica que, a veces, enternece y puebla los ojos de lágrimas.

Francisco Izquierdo Navarro (1922-1985), un eminente publicitario español que fue discípulo y colaborador de Pedro Prat Gaballí —señalado como padre de la publicidad española— tradujo y prologó la versión castellana de Confesiones en los 60, expresando «que el libro es técnico sin que parezca un libro técnico, siendo además un libro distraído sin que tenga nada de novela».

En el texto, Ogilvy narra sus experiencias en la confección de campañas que, como la de la Rolls Royce, la Shell y las camisas Hathaway, informaron al público lo que quería saber de esos productos y excitaron, por ende, grandes aumentos de ventas.

También relata la campaña para la bebida Schweppes, que incrementó sus ventas en un 517 por ciento. El contenido del libro está dividido en capítulos que son, a la vez, ensayos y no guardan concatenación entre sí, salvo por su valorización en el campo de la publicidad.

En la introducción —Visiones en lontananza—, Ogilvy habla de su infancia y de sus padres, así como de su paso por la famosa universidad de Oxford, de donde partió a su mundo de aventuras. Luego, pero sin obviar el sentido de un storytelling, el texto camina por once capítulos que explican todo lo que un buen publicitario necesita saber, haciendo hincapié en uno de ellos, donde presenta los once mandamientos que «hay que obedecer si se trabaja en (su) agencia».

Al respecto, certifico que no analizaré todos estos mandamientos, pero sí me detendré en cinco de ellos: el uno, el tres, el siete, el ocho y el once, que conciernen a la redacción, exposición, creatividad, temporalidad y plagio, que son los que más afectan la publicidad dominicana.

El Nacional

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