El poder es una sombra que pasa”, me solía decir mi padre. Cuánta verdad en sus palabras; cuánto valor cobra esa frase hasta nuestros días, en una época donde el Partido Revolucionario Moderno, a pesar de su juventud, ha recibido el voto de confianza de la ciudadanía para servirle y cumplir con las promesas no satisfechas y los anhelos de millones de personas de una mejor vida, de paz y progreso.
Durante muchos años, en gobiernos anteriores, en la ciudadanía fue germinando la noción de que la clase política aspiraba al poder para servirse de sus mieles y no para servirle al país.
De las cenizas de ese modelo agotado y desconectado con la población, nació el PRM en el año 2014, con un ofrecimiento distinto: trabajar con y para el pueblo dominicano, identificados con sus sueños y con la esperanza intacta de darle a las familias la vida que durante décadas se quedaron esperando.
De ahí que, a partir del 5 de julio del 2020, cuando gana Luis Abinader la presidencia, se instaura en el corazón del poder la concepción de enfrentar los flagelos que propiciaban esa errada cultura política de asumir el poder para provecho particular y no general. El propio presidente Abinader lo dijo el 16 de agosto: «la corrupción de arriba incentiva la de abajo, que es la delincuencia, que se traduce en inseguridad. Y ambas tienen que ser combatidas sin tregua».
Lo reafirma cada día la directora de Ética Gubernamental, Milagros Ortiz Bosch, quien dijo hace unos días que “al gobierno no se va a disfrutar de sus mieles, sino a servir. Y el perremeísta que no esté dispuesto a servirle al Estado tiene que saber que no puede servirle a este Gobierno”, dijo la exvicepresidenta.
Por supuesto, los cambios culturales, en especial de la política, no son de la noche a la mañana. Roma no se hizo en un día, y lo propio pasa con nuestro país, donde no todos asumen el rol que la historia y el momento ameritan, pero tarde o temprano terminan comprendiendo que esta oportunidad no está exenta de cumplir nuestras obligaciones con la gente; todo lo contrario, estamos compelidos a llegar y superar las expectativas de la ciudadanía que votó a favor del PRM en todos los niveles en el último proceso electoral del 2020.
“Escuchar no es una debilidad, es una fortaleza, parte de los regímenes democráticos”, suele decir el presidente Abinader.
Ese es nuestro norte: escuchar para aprender, para enmendar y gobernar apegados a los rigores de la ética, los principios y valores democráticos, pero, sobre todo, para acercarnos a ese profundo deseo de todos los dominicanos de ser el país de las oportunidades, del desarrollo y de una calidad de vida que le ponga un techo digno a cada familia; salud y educación, un medio ambiente próspero y un futuro del cual todos podremos sentirnos orgullosos. Todo comienza con un buen primer paso hacia el genuino servicio público.
Por: Orlando Jorge Mera
orlandojorgemera@yahoo.com

