MADRID. (elmundo.es). María está embarazada de seis meses y lleva un tiempo pensando en qué hará con el cordón de su futuro hijo. No sabe si donarlo a un banco público o guardarlo en una de las compañías privadas que se publicitan en el hospital donde dará a luz. Y, aunque ha planteado sus dudas al ginecólogo que sigue su embarazo, sus respuestas no la han ayudado a superar el debate interno.
Para Enric Carreras, director del Registro de Donantes de Médula Ósea (REDMO), los argumentos en este sentido son tajantes: «Las células propias no sirven para las aplicaciones que hoy en día tienen los progenitores hematopoyéticos [actualmente se pueden tratar unas 70 enfermedades, como leucemias, talasemias, síndromes mielodisplásicos y linfomas Hodkin y no Hodkin]», subraya.
«Cada uno es muy libre de hacer lo que quiera, pero a día de hoy es muy dudoso que guardar la sangre de cordón umbilical para uno mismo en un banco privado tenga una utilidad médica», subraya Rafael Matesanz, director de la Organización Nacional de Trasplantes, que resume una idea con la que coinciden todos hematólogos de la red nacional de salud consultados.
Sin embargo, las compañías privadas que se encargan de la conservación y almacenamiento de estas células para uso familiar tienen otro punto de vista. Carlos Moreno es el director de Bio-Cord, una de las empresas que ofrecen sus servicios en España, y, aunque remarca que «la única opción mala es tirar el cordón», hace hincapié en el «gran potencial» que puede tener la conservación privada dadas las posibilidades que se abren en el «campo de la medicina regenerativa». En concreto, Moreno cita varios ensayos con enfermedades neurológicas, como el Parkinson o la esclerosis, o con problemas como la diabetes tipo 1.
Matesanz, en contrapartida, señala que es fundamental recordar que todos esos ensayos aún están «en fases tempranas» y no han arrojado resultados concluyentes. «La posibilidad de que estas células sirvan en algún momento para otras enfermedades sigue siendo pura especulación», coincide Carreras.
Por otro lado, para Moreno, un punto fundamental de conservar el cordón en un banco privado -en su empresa cuesta 1.690 euros o 1.990 si además se conserva también el tejido- es que el servicio garantiza que esas células se preservarán. «En un público se escogen los cordones, por ejemplo los que tienen mucho volumen o si son de un tipo diferente, no hay garantías de que se vaya a guardar el tuyo».
Sergio Querol, director del Banco de Sangre y Tejidos de Cataluña, reconoce que «en los bancos públicos la prioridad es el paciente. Para que el producto se criopreserve miramos que pueda ser útil para el mayor número de pacientes posibles». Pero eso, subraya, es lo que permite que todos los días se salven vidas.
Además, Querol recuerda que todos los bancos públicos siguen unos estrictos estándares de calidad en el proceso de obtención, manejo y almacenamiento de las células que garantizan la viabilidad de los cordones guardados, un punto que no cumplen todos los bancos privados. «En España no se depositan las muestras de un banco de cordón privado, hay que guardarlas fuera del país [la ley obliga a que, si se guardan en territorio español, se compartan los datos con los bancos públicos]. Pero, ¿qué pasa si no hay un seguimiento?, ¿si el contenedor de transporte no lleva control de temperatura? Las células no están muy cómodas en esas condiciones, pero el resultado de esa práctica sólo se vería en el momento en que hubiera que usarlas», remarca.
Moreno asegura que Bio-Cord cumple con las certificaciones de calidad recogidas en el Plan Nacional de sangre de cordón -como NETCORD o JACIE-, pero reconoce que no todas las compañías lo hacen. «De alrededor de 10 empresas, sólo hay tres o cuatro proveedores serios», subraya.
Maite Saez lo tiene claro. Ella siempre recomienda la donación, porque «ese gesto altruista» fue lo que le salvó la vida a su hijo Lucas, que padecía una inmunodeficiencia combinada severa -más conocida como la enfermedad de los niños burbuja-. Saez asegura que su hijo tiene un «doble» en Barcelona, porque allí se encontraba un cordón compatible al 80% con su pequeño, pero su caso no es una excepción.
El 60% de los trasplantes de cordón que se hacen en España se realizan con unidades donadas también en nuestro país. «Somos una potencia mundial», subraya Matesanz, que cifra en unas 60.000 las unidades disponibles en nuestro país. En 2013, 77 de estas unidades se utilizaron para intervenciones en España y otras 243 se enviaron a otros países. A cambio, se incorporaron 3.770 nuevos cordones nacionales a la red.
La cantidad importa
En 2005, la noticia de que las células del cordón umbilical de la Princesa Leonor habían sido congeladas en una clínica privada de Tucson (EEUU) causó una importante polémica en nuestro país. Quizá para mermar las críticas, tras el nacimiento de la Infanta Sofía en 2007, la Casa Real optó por dividir la muestra y conservar la mitad de la sangre en un banco público y almacenar el resto en un centro privado europeo. La medida salomónica, sin embargo, también recibió reproches ya que uno de los principales inconvenientes que presenta el trasplante con células de la sangre del cordón umbilical es que la cantidad de la muestra no siempre es suficiente.
«Los trasplantes dependen de la dosis», subraya Matesanz, quien aclara que el número de células presente en un cordón no siempre es suficiente para realizar un trasplante a un adulto.

