Salgo y veo a la muchachada en el parquecito, y en los colmadones. No usan sus máscaras y se apiñan en su desafío a la muerte. Pienso en Borges cuando dijo que la juventud es algo que se malgasta en los jóvenes, como se ha malgastado la poesía en poetas trascendentales.
Quizá solo la poesía puede y podrá hablar de estos tiempos.
Dylan Thomas era un poeta galés, que murió en Nueva York a los 39 años, de una borrachera. Su producción poética no rebasó los cien poemas, pero con ellos se ganó una fama que no buscaba, porque según él lo único que quería era “redimir los contrarios con imágenes herméticas…diciendo dos cosas al mismo tiempo en una sola palabra, cuatro en dos y una en seis. Pero lo que no me gusta es una teoría”.
Para esa juventud en desasosiego, estos poemas:
“Yo veo los muchachos del verano”
“Yo veo a los muchachos del verano en su ruina dilapidar los diezmos de oro sin guardar provisiones durante la cosecha…
allí en su calor las aguas del invierno
con gélidos amores seduce a sus muchachas, y en sus mareas congela las manzanas cargadas; estos muchachos de la luz en su locura lo coagulan todo, agrian la miel hirviente; introducen barajas de escarcha en las colmenas; allí en el sol frígidos filamentos de duda y oscuridad alimentan sus nervios; la luna extraordinaria es cero en sus vacíos.
…Yo veo que estos muchachos hombres de la nada crecerán con burdas artimañas, o saltando desde los ardores del aire lo mutilarán; allí desde sus corazones el latir de la canícula del amor y la luz estalla en sus gargantas.
Oh ved el latido del verano en el hielo.
…Nosotros muchachos del verano en este girar de cuatro vientos, verdosos por el hierro de las algas, detenemos el ruidoso mar y soltamos sus pájaros, recogemos la esfera del mundo hecha de ola y espuma para sofocar con sus mareas los desiertos, y peinamos los jardines de los barrios buscando una guirnalda.
…yo los veo muchachos del verano en vuestra ruina.
Al hombre en la esterilidad del gusano.
…Yo soy el hombre que vuestro padre fue.
Somos los hijos del pedernal y la brea.
Oh ved las varas se besan al cruzarse”.
Es madrugada. Insomne, y como Dylan, les digo:
“Yo he anhelado irme lejos
del silbido de la mentira gastada
y el continuo gritar de viejos terrores
que se tornan más terribles cuando el día
pasa por la colina para hundirse en el mar.
…La luz irrumpe en parcelas secretas
Y, …cuando muere la lógica,
el secreto de la tierra brota en el ojo”.
POR. Chiqui Vicioso
luisavicioso21@gmail.com

