La alta percepción de corrupción de la ciudadanía en este país le ha achacado ese mal a la supuesta inversión de valores, a la falta de voluntad de perseguir y sancionar a los corruptos, a la falta de personas honestas en cargos directivos, al Gobierno, y a un sinnúmero de razones que no aterrizan en la realidad de que efectivamente, la corrupción es inevitable.
La corrupción existe desde el mismo momento en que nacieron los cargos de poder, y como todo acto del ser humano se rige por la relación costos-beneficios. De ahí que este devenga en inevitable. Una vez comprendamos esto, quizás empecemos a trazar una ruta para disminuirlo de forma efectiva.
El costo de ser corrupto está influido primordialmente por la autovaloración del individuo. La persona honesta otorga un alto precio a su honor, más alto de lo que su puesto en el poder le vale, o de lo que cualquier sobornante está dispuesto a ofrecer. A su vez la autovaloración está influida por múltiples factores que van desde el sueldo a las necesidades personales, a la calidad de la educación recibida, etc. A mayor sueldo y calidad de educación, y menor necesidad personal, su autovaloración es mayor y será menos propenso a ser corrupto a un precio razonable, lo que no quita que sea corrupto a un precio muy alto.
Curiosamente, la persecución y sanción del acto de corrupción tiene un impacto casi despreciable en el costo de ser corrupto, y por tanto no sirven de mucho para evitarle.
China reporta miles de arrestos por cargos de corrupción al año, y las sanciones por este hecho son extremas hasta el punto de la pena de muerte. No obstante, China es considerada hoy una de las naciones donde hay mayores niveles de corrupción del mundo, percepción que con el tiempo se ha ido fortaleciendo y no debilitando sin importar las noticias de primera plana sobre sus ejemplarizadoras sanciones.
Y si entonces vemos que sólo hay personas honestas dependiendo de donde fijen su precio, y si la persecución y sanción no funcionan para amedrentar los actos de corrupción. ¿Cómo, exactamente, se evitan o reducen esos actos?
Naturalmente, debe ser reduciendo la cantidad de cargos de poder, y a su vez el poder en algunos de esos cargos. Una reducción de personas con calidad para administrar dinero del Estado significa menos personas con posibilidad de malversarlos y menos personas que supervisar. Menos poder significa menos personas con interés o necesidad de los favores del funcionario, o capacidad de éste para satisfacerlo.
Ahora, si nuestras aspiraciones se concentran en un Estado grande con más participación en la vida de los ciudadanos, con mayor gasto social, con más poder regulador y más activo en la economía, pues tendremos que pagar el inexorable costo de la corrupción.

