Este gobierno empobrece a la sociedad y está carcomido por la corrupción. Los resultados de la reciente encuesta Gallup-Hoy lo confirman.
El 71.6% dice que la economía anda mal. El 60.1% afirma que al final de este gobierno todo estará peor y el 58% entiende que retrocedemos. Solo el 23% piensa que al finalizar su gestión las cosas estarán mejor.
Hay nuevas señales: consumir en deuda de combustibles los 131 millones de dólares que ingresarán de la compra venezolana del 49% de la Refinería, recortar gastos sociales con igual fin y seguir endeudando al Estado para paliar el déficit presupuestario de 77 mil millones de pesos causado por una corrupción y un clientelismo esenciales al leonelismo.
En cuanto al grave problema de la corrupción los resultados son peores para el PLD y su gobierno. El 60.1 dice que la corrupción es mayor que antes y el 25.6% que está igual, lo que eleva a un 85.7% los que consideran al gobierno corrupto.
En fin, esta encuesta evidenció una opinión popular que acusa al oficialismo del deterioro de la economía y el auge de la corrupción. Y eso que no incursionó en la narco-corrupción. Pero lo más importante es que ella evidenció la mentira sobre la supuesta mayoría del PLD y su gobierno.
Las cifras electorales de más de un 50% a favor del PLD y más de un 40% a favor del PRD, no tienen en cuenta la altísima abstención registrada y son usadas para encubrir la ilegitimidad de las autoridades electas, especialmente Leonel Fernández.
Cuando en el análisis incluimos la abstención y los resultados de esta encuesta, no es difícil concluir que el apoyo al gobierno, a Leonel y sus aliados (aun sin descontar las adulteraciones provocadas por el clentelismo), ronda por el 23 %. Igual pasaría con las cifras del PRD y sus aliados.
Estamos frente a un gobierno de minoría, y, por tanto, ilegítimo; y frente a un Estado de minorías en permanente competencia clientelista, degradándose más con el repunte de males artificialmente contenidos durante la campaña.
La estabilidad gubernamental e institucional es realmente muy frágil.
El descontento popular es creciente y podría servir de base a una alternativa al modelo gubernamental vigente y a esta decadente y podrida institucionalidad. Solo que se precisa de un nuevo referente político-social que lo canalice y convierta en contrapoder beligerante desde una amplia participación popular.

