Papelazos como el del equipo dominicano que compitió en Puerto Rico en el premundial de baloncesto contrastan con esa imagen de superioridad y superpotencia con que se mercadea a esta pobre nación. Por la presencia de profesionales de la NBA se esperaba que el conjunto criollo al menos clasificaría y no que al final sería eliminado en forma vergonzosa por países sin la tradición y la promoción con que debutaron los compatriotas. Antes de la prensa internacional hacerse eco de la debacle del conjunto criollo, como premio de consolación se había destacado que los dominicanos serían invitados al mundial de Turquía. Por lo demás, y aunque todavía hay muchas explicaciones que dar, el silencio y la indiferencia han sido sepulcrales. Pero porque ese silencio sea habitual no por ello se puede dejar de pedir cuentas. Sería, de entrada, un aporte a la transparencia que la Secretaría de Deportes, que cubrió todos los gastos de un conjunto que no contó con el menor patrocinio del sector privado, comience por rendir un informe pormenorizado de los gastos. Se sabe que los estelares de la NBA no integraron el conjunto por amor a la patria, y que pusieron condiciones económicas que beneficiaban hasta a familiares. Y la bonita es que de no haberse contado con ellos la participación hubiera sido más ridícula, porque en materia de deporte la mayor inversión que se ha hecho aquí ha sido en publicidad. Hasta los multiusos que se levantaban con crédito externo están paralizados. La delegación criolla podía ser la más numerosa, y entre los muchos gastos hay que incluir la promoción y transmisión de los torneos. Un mejor papel hubiera compensado en algo, pero una inversión que se sospecha cae en el despilfarro amerita de una explicación bien detallada y sin la menor pizca de duda. Con la seguridad de que nadie se inmutará.

