Los programas de deportación de indocumentados haitianos deben continuar en todo el territorio nacional. Nadie puede estar aquí sin que se sepa su nombre, por carecer de identidad.
La deportación de indocumentados debe extenderse a todos los que están de modo ilegal en la República Dominicana, siendo los haitianos los que residen en forma mayoritaria.
Lo que se tiene es que actuar de acuerdo con las disposiciones oficiales, siempre respetando sus derechos humanos e integridad física. Es un problema de orden público, donde no se puede maltratar a nadie.
Las autoridades ejecutan con tino el programa de deportaciones y siempre respetan los derechos humanos de los detenidos, aunque puede haber hechos aislados en que se escape un bofetón. La violencia hay que evitarla.
Las Naciones Unidas y sus organismos periféricos quieren obligar al país a que mantenga a los indocumentados en el territorio, y ello no es posible. No es dominicana la culpable de la guerra de baja intensidad de Haití, y no tiene porque cargar con ese problema.
De hecho, la Naciones Unidas fueron la forjadora del caos actual, con el desenvolvimiento de su fuerza expedicionaria militar en Haití. Durante cerca de diez años, la ONU no pudo establecer las bases de la democracia y organizar elecciones libres en el vecino país.
Por el contrario, fue el germen de creación de los desordenes actuales al proceder a desmantelar los organismos de seguridad, como eran el ejército y la policía. Al abandonar el territorio, surgieron las pandillas nutridas por muchos antiguos hombre de uniforme.
La solución a la crisis haitiana tiene que ser buscada por la ONU y las grandes potencias, en especial los Estados Unidos, Francia y Canadá. A ellos toca organizar una nueva fuerza expedicionaria, que se encargue de exterminar a las pandillas actuales.
De este lado de la frontera, los dominicanos se tienen que mantener atentos a la evolución de la situación haitiana, pero sin dar un paso adelante en la búsqueda de posibles soluciones. No es problema a ser abordado por las autoridades nacionales.
Se puede ser solidario con el pueblo haitiano en estos duros momentos que vive, en medio de la anarquía, el pandillaje, y sin ley ni orden, pero guardando la distancia. Meterse en buscar soluciones, no es alternativa para los dominicanos.
Por: Manuel Hernández Villeta

