El autor de esta columna ha descrito, en varias ocasiones y en algunos de sus libros, el episodio que demuestra, por primera vez, la existencia de un sentimiento patriótico en el pueblo dominicano: en 1795, cuando un alguacil del gobierno colonial pregonaba por las calles de la ciudad de Santo Domingo, un bando que anunciaba que la monarquía española había cedido a la Francia revolucionaria la parte Oriental de la isla de Santo Domingo, una mujer del pueblo, que se llamaba Tomasa Cruz, tal vez de cincuenta años de edad, mulata, en la que es hoy la calle El Conde esquina Arzobispo Meriño, al escuchar la noticia, alzó los brazos y exclamó: Isla mía, Patria mía, y se desplomó, muerta, víctima de un infarto fulminante. No hay una calle en Santo Domingo que recuerde a esa mujer, una expresión auténtica de lo que era la Patria nuestra.
Fue ese sentimiento patriótico que percibió Juan Pablo Duarte, con apenas dieciocho o diecinueve años de edad, cuando regresó de su corta estadía en Europa, particularmente en España. Duarte, dueño de un fino instinto político, fue sensible a esa expresión de amor a la tierra y al escenario humano en el cual él había nacido; y percibió también, el valiente y frontal rechazo de los dominicanos al idioma francés y al dialecto patois, no tan definidos como en los momentos actuales. Los matices de la personalidad de los dominicanos eran ya visibles, pues no aceptaba hablar en francés ni en patois, ni copiaba ni asimilaba las costumbres y los hábitos de vida de los haitianos; y desde luego también rechazaba las concepciones míticas religiosas de los que ocupaban la parte Oriental de la isla, apoyados en una estructura militar armada con instrumentos de guerra que se habían fabricado en Europa.
Duarte realizó su labor de proselitismo en el sector social al que él pertenecía y cuando lo creyó oportuno fundó la Organización Secreta Trinitaria (no La Trinitaria), que fue, en la realidad y la práctica, un partido político que tenía como objetivo estratégico la separación política de la parte Oriental de la isla de Santo Domingo del Estado haitiano y la fundación de la República Dominicana. Duarte fue el primer prócer independentista americano que organizó un instrumento para crear un Estado independiente. Mas luego lo haría José Martí, fundador del Partido Revolucionario Cubano, que organizó y dirigió la Guerra Necesaria, en la cual bajo el mando de Máximo Gómez, genuina expresión y síntesis de la Escuela Militar Dominicana, incorporó Cuba a las naciones independientes de América.
Juan Pablo Duarte es el fundador de la República, que es el título o calificativo de más alta jerarquía y valor político que puede recibir un hombre en su vida. Junto a Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella, hicieron posible en acción dramática, inolvidable, el nacimiento del Estado independiente dominicano, que representa uno de los episodios más hermosos de los pueblos hispanoamericanos. ¡Loor y gratitud por siempre a Duarte, Sánchez y Mella!

