Para febrero de 1961 cuando John F. Kennedy había asumido la presidencia de Estados Unidos e intentado, como lo hizo después, que Trujillo abandonara el poder ofreciéndole asilo con toda su familia, la conspiración iniciada por Juan Tomás Díaz y Homero Hernández Almánzar desde 1955 y 1956 estaba en su apogeo, porque habían sido incorporados a ella Antonio De la Maza, algunos miembros de su familia y otras figuras importantes de Moca. Esa conspiración había terminado convirtiéndose en empresa internacional en la cual, además del gobierno estadounidense, estaban enteradas figuras importantísimas de países hispanoamericanos, entre los cuales estaban Rómulo Betancourt, Presidente de Venezuela; Alberto Lleras Camargo, de Colombia; Camilo Ponce Henríquez, de Ecuador; José Figures, de Costa Rica, y hasta el propietario director del periódico El Tiempo, de Bogotá, Roberto García Peña.
A mediados de febrero, Homero Hernández, en exilio itinerante, entregó en Nueva York a Chana Díaz de Díaz, una comunicación dirigida a Juan Tomás usando el pseudónimo de Mello y refiriéndose a Juan Tomás con el pseudónimo de Cristóbal, ya que de San Cristóbal era oriundo Juan Tomás. En esa comunicación que el autor de esta columna tiene en su poder, cedida por Eduardo Díaz, hijo de Chana y Juan Tomás, Homero explicaba las gestiones que estaba realizando con las autoridades de esos países y Estados Unidos, planteando la necesidad de ajusticiar a Trujillo como única manera de echarlo del poder. En esa comunicación su autor explica en detalles cuáles eran las ideas de las autoridades estadounidense que le fueron transmitidas a él por funcionarios de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Para marzo de 1961, Estados Unidos había logrado integrar al grupo conspirativo y por la vía de Lawrence Berry, (Wimpy), agente de la CIA, amigo de Antonio De la Maza y de otros complotados, a Donald Reid Cabral, pariente cercano de la familia Vicini, y Ángel Severo Cabral, funcionario de las empresas de esa importante familia, quienes vinieron a darle matices totalmente diferentes al objetivo patriótico y heroico de los conspiradores. Según testimonios que merecen absoluto crédito, Antonio Imbert Barrera y Amado García Guerrero se incorporaron en marzo al movimiento conspirativo y completaron el llamado Grupo de Acción que actuaría bajo la jefatura de Antonio De la Maza.
Un episodio se produjo a mediados de abril de ese año cuando la expedición organizada, financiada y apoyada por Estados Unidos contra el gobierno revolucionario de Cuba desembarcó en Playa Girón y fue fulminantemente derrotada por el pueblo cubano bajo la jefatura de Fidel Castro Ruz. Las autoridades estadounidenses encargadas de apoyar la ejecución del llamado Plan ZR/RIFLE, preocupadas y más que preocupadas, profundamente temerosas, parece que decidieron pedir a los conspiradores dominicanos que pospusieran el plan de eliminar físicamente a Trujillo. Los yanquis estaban temerosos de que en República Dominicana explotara un levantamiento que llevara a nuestro pueblo por el camino que había señalado e iniciado la Revolución Cubana. Pero en realidad, las autoridades norteamericanas no conocían el espíritu y el poder de decisión de los dominicanos. (Continuaremos).

