Pobre país
Hace tres o cuatro meses, en Crónica del Presente, redactamos una columna que titulamos Los Príncipes del Absurdo y en esa columna hacíamos un análisis de los disparates, inventos y sandeces que se escuchan a diario en la radio y recogidos en la televisión y la prensa. En nuestra columna del lunes pasado, titulada ¿Hacia Dónde Vamos?, analizamos el comunicado publicado el 13 de julio en diferentes periódicos, bajo el pomposo título de Llamado a la Nación Frente a las Denuncias de Corrupción, firmado por treinta y cuatro supuestas empresas, entre las cuales hay algunas que responden al nombre de La Lucha, Sociedad de Desarrollo para la Comunidad de Gualey, SODECOGUA, Colectiva Mujer y Salud y Unión de Vecinos Activos, Inc., UVA, títulos y siglas que no representan a nadie ni a nada. Inventos de una pequeña burguesía urbana, aventurera, demagógica, licenciados en Galloloquismo, a quienes siguen sectores pequeños de la baja pequeña burguesía pobre y muy pobre.
Decíamos también que Juan Bosch, El gran Maestro, inolvidable, describe en Composición Social Dominicana el origen, el crecimiento y desarrollo de ese sector social que no tiene estatus permanente o fijo en las relaciones de producción. De tricicleros, venduteros, dependientes de pulperías, profesionales fracasados y trapecistas consumados, se meten a políticos y aspiran a Regidores, Síndicos, Diputados, Senadores, porque aprenden y consideran que es la vía más abierta y fácil de ascender socialmente. ¡Qué tragedia!, al parecer, irremediable. Por eso la mayoría de nuestros ayuntamientos están en manos incapaces, consumiendo cerca de quince mil millones de dólares, y cuidado si más, del trabajo y el esfuerzo del pueblo.
Y dondequiera se siguen reproduciendo cosas absurdas en términos históricos como estos dos casos que queremos señalar: En abierta violación a las disposiciones legales vigentes, le quitaron el nombre de Juan Pablo Duarte a la carretera principal del país que sale del kilómetro 0 desde el Parque Independencia hasta llegar a Montecristi, para ponerle el nombre de Joaquín Balaguer desde Santiago a Navarrete, en donde vuelve a tomar el nombre de Duarte hasta Montecristi, porque de ahí en adelante hasta Dajabón se llama Presidente Vincent, en homenaje a un presidente haitiano amigo de Rafael Trujillo Molina. Ahora la dama que desempeña las funciones de Vice-Síndico de la ciudad capital, a quien particularmente tenemos afecto, propone que le Supriman el nombre a un tramo de la avenida Máximo Gómez, prócer universal y la figura militar más señera que hemos tenido, para ponerle el nombre de Joaquín Balaguer. A esas ideas tenemos que hacerle la Cruz de Asomante. Esperamos que el Ayuntamiento de Santo Domingo no se deje arrastrar por ese absurdo de carácter histórico.
¡Pobre país!, que empujado por los absurdos y las insensateces, de las que hemos hecho referencia, va en constante proceso de desintegración en muchas de las actividades y manifestaciones de su vida. ¡Que Dios nos acompañe y no nos abandone!, si cabe la plegaria.

