Los hijos póstumos de Juan Bosch
En infinidad de ocasiones, y desde antes de irse físicamente del escenario de la vida, dijimos y hemos reiterado que Juan Bosch es el gran maestro político dominicano y de América. Y hemos reiterado que estamos dispuestos a discutirlo en el escenario que sea necesario, frente a sus detractores y críticos mezquinos que se han ido reduciendo, en la medida en que transcurren los años, pero que con anterioridad se pasaron años cuestionando la inigualable sabiduría política de Juan Bosch y su indiscutible nivel intelectual como escritor de cuentos, ensayista, historiador y político, que entre todos los que han recorrido ese camino en la República Dominicana nunca tuvieron los conocimientos y la maestría que como periodista tenía Juan Bosch. Autor de más de cincuenta obras, fundó una escuela política a su regreso del exilio por más de veinte años, como lo reconoció Joaquín Balaguer.
Juan Bosch se relacionó en términos personales con la mayoría de los que tuvimos la oportunidad de trabajar a su lado con el cariño y la disposición paternal que un hombre de sus condiciones excepcionales podía ofrecer. Muchos de nosotros sentíamos hacia el maestro y líder, no solamente admiración, lealtad y respeto, reciprocando hacia él, en términos filiales, la comprensión, la bondad, el aprecio y el respeto que nos dispensó. Por esas razones, cariñosamente, respetuosamente, en el círculo de intimidad lo llamábamos: El Viejo; y él lo sabía, y le agradaba, porque el autor de esta columna le decía que dos grandes figuras de la historia dominicana, de América y del mundo, recibían ese calificativo de sus subalternos y compañeros: Máximo Gómez y él.
Ahora, muerto Juan Bosch, han aparecido varios hijos póstumos, que nunca estuvieron a su lado, que vivían y vivieron difamando, calumniando, mintiendo, irrespetando, muchas veces por encargo y por paga, a esa figura inmortal, coherente, que mereció en vida el respeto de personalidades de la más alta categoría de Hispanoamérica y los Estados Unidos, de Europa, Asia y África. ¡Qué risa nos da ver a estos emborrona cuartillas, cagatintas, veletas del momento y ascensoristas políticos, cuestionando y acusando a los dirigentes del PLD, en su mayoría funcionarios del gobierno que preside el compañero Leonel Fernández Reyna! Como si el pueblo no tuviera memoria; pensando tal vez que todos los peledeístas tampoco la tenemos y tenemos miedo a enfrentarlos, conociendo su doble moral y sabiendo que están inscritos en nóminas de diferentes instituciones del Estado, por debilidad y cobardía de muchos de nuestros compañeros.
Juan Bosch no necesita que esos mercaderes intelectuales lo defiendan ahora y lo pongan de ejemplo, tratando de estrujarnos a quienes lo acompañamos a su lado, calle por calle, pueblo por pueblo, en el PRD y después que abandonó las filas del PRD y fundó el Partido de la Liberación Dominicana. No defiendan a Juan Bosch. No usen su nombre. No ensucien su memoria, que él no los necesita. El Gran Maestro político dominicano y de América murió y sigue siendo el Presidente Moral Eterno del pueblo dominicano.

