Una opinión prudente, justa, real e indiscutible, a este asunto que por espacio de ocho columnas hemos tratado con el título de Cuántos Absurdos, vino a ponerla Leonel Fernández en una de sus últimas actividades como presidente de la República, cuando declaró el viernes 9 de agosto del corriente año en la inauguración de un local escolar en Villa Juana, que la calidad de la educación depende de los profesores, agregando que si tenemos buenos maestros, tendremos una educación de calidad. Momentos antes, en la inauguración de la Escuela Argentina, en Ciudad Nueva, ya que ese sector no se llama Zona Colonial, un grupo de jóvenes con sombrillas y pancartas del 4% se apostó en la entrada y cuando el mandatario llegó lo recibieron gritando la consigna 4% para la educación.
Los que promueven estas risibles manifestaciones, pírricas por la limitada cantidad de los que asisten, pertenecen a esa caballería de chantajistas, estafadores, calumniadores y difamadores, llamados por Cesar Medina, con acertado calificativo, canallada mediática, que hemos reiterado se han apoderado de la inmensa mayoría de los medios de comunicación, radiales y televisivos del país, sin ninguna autoridad académica, pedagógica o legal, para enarbolar una consigna falsa, huérfana de toda sensatez, intimando a los gobiernos del PLD y a sus presidentes para que pongan en sus manos mas de noventa mil millones de pesos, para invertirlos supuestamente en el sistema educativo nacional. Leonel dijo si tenemos buenos maestros tendremos una educación de calidad y para tener una educación de calidad hay que reorganizar, reestructurar y elevar hasta el infinito la calidad del sistema educativo de nuestro país.
Solamente así podremos tener una escuela, en términos generales, que vaya desde la primaria hasta la universitaria, que transforme radicalmente el criterio enfermizo de las relaciones humanas, afectado por la decadencia moral alarmante que en cierto sectores, como señaló Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, se ha convertido en normas de conducta que han deformado esos sectores, y seguirán haciéndolo, si no se enfrentan con responsabilidad y seriedad, a la familia dominicana. La inmensa mayoría de la sociedad corresponde, como lo calificó Juan Bosch en Composición Social Dominicana, a la baja pequeña burguesía pobre y muy pobre. Y es en esos sectores donde se ha multiplicado preocupantemente en esa ligereza de absurdos, de mentiras, sandeces, disparates y elucubraciones, que ha terminado siendo, a través de los matices de una nueva concepción musical, el perfil folklórico y popular de ese arte que tantas simpatías a través del merengue típico y de la música popular dominicana, se ha manifestado en la mayoría de los países hispanoamericanos y en otras regiones del mundo como la verdadera y autentica expresión de la personalidad de un pueblo rebelde, valiente, legendario, veterano de la historia y David del Caribe.

