Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

En nuestra columna anterior relatamos, con verdadera nostalgia, la primera comparecencia nuestra a los tribunales de la República, e hicimos hincapié en la actitud indulgente del juez presidente del Juzgado de Paz de la Segunda Circunscripción, quien nos ayudó a salir del trance en que nos encontramos cuando los hermanos Simonó hicieron oposición a las conclusiones de la demanda que presentamos en representación de la Reparto Villa Juana, C. por A. Esa situación que vivimos nos obligó, a partir de ese momento, a tomar en serio, profundamente en serio, el estudio de la profesión que habíamos escogido como norte de nuestra vida. En la oficina de Rafael Augusto abrumábamos a Luis del Castillo Morales, nuestro maestro y protector, con infinidad de preguntas relacionadas con el procedimiento, aparentemente simple, que debía aplicarse en las demandas de esta naturaleza en los Juzgados de Paz. Luis, o Luisito como familiarmente le decíamos, era un digno hijo de su padre, Luis C. del Castillo, distinguido maestro y excepcional abogado, que se había distinguido en la vida pública de nuestro país.

Representando a la Reparto Villa Juana litigamos de primera intención en los Juzgados de Paz de la Primera, la Segunda y la Quinta Circunscripción, instalados en el área de Villa Juana, San Carlos y Villas Agrícolas. Con los Simonó volvimos a encontrarnos mucho después, en el Juzgado de Paz de la Tercera, instalado en la Josefa Brea. Allí negociamos por primera vez un acuerdo, en un caso legal que era un cobro en alquileres vencidos que no pertenecía a la Reparto Villa Juana, C. por A. Volvimos a encontrarnos en el Juzgado de Paz de la Quinta, en la Ramón Cáceres, allá cerca de donde estaba la Intendencia del Ejército Nacional, en una audiencia de esa misma naturaleza y “tranzamos” el asunto, porque para ellos el autor de la columna ya era un abogado, como “picapleitos”, que había que respetar. Volvimos a ver a Simonó, el abogado, en los días del inicio del episodio de abril de 1965, porque tenía un colegio de enseñanza primaria, ubicado en la José Martí, un poco más arriba de la Teniente Amado García Guerrero. Supimos, tiempo después, que los tres habían muerto

De aquel entonces al día de hoy han transcurrido cincuenta y cinco años; ahora en octubre pasado, el 28 como señalamos anteriormente, hemos cumplido cincuenta y dos años de habernos graduado de doctor en Derecho. Ese domingo, como ha sido tradicionalmente por espacio de muchos años, un número cada vez más reducido, por diferentes razones, de nuestra promoción, hombres y mujeres, nos reunimos en un encuentro fraternal, verdaderamente fraternal, agradable, del cual hablaremos en detalles, porque ese es el objetivo de estas columnas que nos obligan con las limitaciones que el tiempo le impone a todos los seres humanos a caminar, allá en el fondo del registro de nuestra memoria. Continuaremos…

El Nacional

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