¡República Domínico-haitiana!
El título de esta columna, que lacera profundamente las fibras más sensibles del autor, que no ha tenido nunca en la vida dudas o vacilaciones en sus sentimientos de patriotismo republicano; de respeto y amor intransigente hacia el pueblo que desde hace más de 200 años, quedó convertido en la nación dominicana; particularmente cuando escribe para medios de comunicación escritos, periódicos matutinos y vespertinos que se han publicado desde hace más de 50 años en nuestro país.
Decimos que nos lacera profundamente en nuestros sentimientos, porque la escuchamos en boca de un amigo a quien respetamos y apreciamos, por lo bien informado que está de los temas que tratamos. Este título, nos afirmó el amigo, lo escuchó de bocas de extranjeros, ciudadanos estadounidenses.
En agosto del año 2007 publicamos nuestro libro titulado «Haití y la República Dominicana: Un origen y dos destinos», que tuvo una acogida importante en nuestro país y particularmente en España, Centroamérica y Estados Unidos, en la población dominicana que reside en la poderosa nación del norte. La última edición del mismo fue en noviembre de 2017, corregida y ampliada, que ha recibido también una acogida efusiva en los mismos lugares señalados anteriormente; pero ahora esta edición ha sido más demandada en España.
Afirmamos categóricamente en ese ensayo, cuyo proyecto fue elogiado por Juan Bosch y Joaquín Balaguer a quienes lo presentamos cuando pensábamos publicarlo; y al escuchar ese invento de República Domínico-haitiana hemos comprobado que lo que hemos afirmado en el mencionado libro, es un proyecto real, en ejecución, que tienen las naciones empeñadas en que sean los dominicanos que asuman la responsabilidad del conglomerado humano que se conoce con el nombre de Estado haitiano.
El lunes 24 de septiembre, Día de Las Mercedes, que es la patrona del pueblo dominicano desde hace más de 500 años, apareció en algunos medios de comunicación, la denuncia detallada del triste episodio de las parturientas haitianas en los hospitales y clínicas del Estado dominicano, que en un período de apenas siete años han traído a la vida en suelo dominicano a 147,727 criaturas, que significan en la realidad económica, millones de pesos dominicanos, que se gastan en detrimento y perjuicio de nuestro pueblo.
Y tenemos que recordar que la Constitución haitiana establece que todos los hijos de haitianos, nacidos en territorio extranjero, son ciudadanos haitianos, y lamentamos profundamente que esas parturientas haitianas no hayan parido a sus hijos en territorio de Estados Unidos de América, Canadá y Francia.
Estamos de acuerdo con los esfuerzos que se hacen a lo largo de la frontera bajo la responsabilidad de nuestras Fuerzas Armadas, pero estamos obligados a recordar al gobierno del Partido de la Liberación Dominicana que fue concebido, fundado y dirigido por Juan Bosch, el gran maestro político dominicano y de América, para completar la obra de Juan Pablo Duarte y sus compañeros republicanos, que pudo ser realidad entre febrero de 1844 y 1861 por el patriotismo, valor y entereza de nuestro pueblo, derrotando a las fuerzas militares haitianas que habían tenido bajo control a la nación dominicana desde 1821.
Restaurada esa soberanía a sangre y fuego a partir del 16 de agosto de 1863, dando un ejemplo de dignidad e independencia a todos los pueblos de América. Y ratificándola a partir del 28 de abril de 1965 que nos hizo acreedor al reconocimiento de «Pueblo legendario, veterano del la historia y David del Caribe».

