¡Qué pena tenemos!
Aunque el título de esta columna está escrito en plural, porque es el estilo que nos ha identificado durante el largo tiempo de nuestra vida, desde que comenzamos a escribir, siendo apenas un adolecente de 15 años de edad, cuando nos iniciamos como maestro en 1951 en la campaña de alfabetización que dispuso el gobierno dictatorial de Rafael Trujillo Molina, tal vez sería más apropiado ese título escribirlo en el lenguaje dominicano: «Qué pena tengo».
Y esta expresión es más explícita, cuando debíamos decir: «Qué pena tan profunda sentimos» y afirmamos este criterio profundamente preocupados, después del discurso del 27 de febrero del corriente año del Presidente de la República, al escuchar y leer tantos disparates, improvisaciones irrespetuosas y acusaciones carentes de toda veracidad. La pena profunda que sentimos es por el presente y el futuro del pueblo dominicano.
Hoy lunes 4 de marzo, han transcurrido cinco días de la comparecencia del jefe del Estado, a la sesión conjunta del Senado y la Cámara de Diputados, como establece la Constitución de la República, que debe presentarse el Presidente a rendir informe de su gestión del año 2018. Qué pena nos da tener presente y haber repetido en infinidad de ocasiones que las dos virtudes fundamentales y básicas del ejercicio político han sido, son y serán, la prudencia y la discreción.
Y hemos ratificado también en infinidad de ocasiones que el ejercicio de la vida política es una profesión; como profesiones son albañilería, carpintería, herrería y zapatería, que son profesiones artesanales, que, para tener conocimientos y experiencia en el manejo absoluto de las mismas, deben transcurrir muchos años. Como son profesiones también, académicas, la medicina, el derecho, la ingeniería, la arquitectura y otras que no es necesario señalar.
Cuántos disparates e invenciones después de escuchar al Presidente de la República pronunciar un discurso de más de dos horas, haciendo señalamientos de obras importantes que ha desarrollado como Presidente del Gobierno del Partido de la Liberación Dominicana.
Ese discurso obligaba a todos los que lo han comentado, criticado y calificado irrespetuosamente, leerlo detenidamente para señalar los aspectos negativos o positivos que se han hecho públicos. Qué pena nos da, hacia dónde va el presente y el futuro de este pueblo, valiente, responsable, trabajador, «Legendario, veterano de la historia y David del Caribe». Cuantos trabajos estamos obligados a realizar las mujeres y hombres que militamos en las filas del PLD, fundado por Juan Bosch, el gran maestro político del pueblo dominicano y de América.
Escuchemos y leamos con prudencia todas las cosas que dicen nuestros adversarios de ese discurso de nuestro Presidente. Es una petición que hacemos a nuestras compañeras y compañeros así como aquellos que simpatizan con nuestro gobierno sin tener vacilaciones.
Estamos obligados a trabajar y rectificar los errores que hayamos cometido, y combatir de manera frontal la corrupción y la impunidad que existe en el orden político, que no podemos negar, y que ha denunciado el autor de esta columna hace muchos años. Sigamos de frente, sin miedo, que nunca hemos tenido, porque los que estuvimos junto a Juan Bosch hace tanto tiempo, como los que vinieron después, tenemnos que tener presente siempre que el PLD es el Partido del pueblo y que «La pelea es peleando».

