Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

Hemos entrado en el Mes de la Patria, en el cual por disposición gubernamental comienzan los actos y ceremonias el 26 de enero, día del nacimiento de Juan Pablo Duarte, quien acompañado de Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella fueron, en la verdad histórica, los verdaderos activistas, agentes y militantes, republicanos, que  abrieron el camino para arribar a la fecha gloriosa del 27 de febrero de 1844. Pero el autor de esta columna, debe continuarla a petición de amigos íntimos y de personalidades de la vida cultural, músicos, periodistas e historiadores, que han estimulado los trabajos de esta sección titulada “Por el camino del naufragio”, extrayendo del registro de la memoria episodios, recuerdos y datos, que son parte de la historia contemporánea de esta patria que ha servido de escenario para actos de importancia inigualable, trascendentales, en la vida de estos pueblos de este continente.

En la columna anterior hacíamos referencia, y señalábamos en detalle, dónde se inició el proceso en que mi padre “cayó en desgracia” con  Trujillo, de quien había sido protegido y favorito desde  que, con apenas 17 años, lo había ascendido a cabo en horas de la mañana y a las 5 de la tarde del mismo día, lo ascendió a sargento. Esto sucedió en 1924, un día después de Trujillo haber sido ascendido a teniente coronel de la Policía Nacional y trasladado de Santiago a la ciudad capital, por disposición de Horacio Vásquez, presidente de la República, quien actuaba por recomendación de sus cuñados, amigos personales de Trujillo, y que para esa época hacían negocios de compra de ganado y mercancías y quienes habían ayudado al joven militar a proyectar una influencia extraordinaria en el Cibao Central, en la línea Noroeste y Puerto Plata.

Hablamos del informe de Aníbal al cual Trujillo, quien en realidad era  “Jefe Tribal”, otorgó crédito porque nuestro padre fue postergado en el rango de primer teniente desde 1934 a 1941, no obstante haberse convertido, reconocido por la mayoría de los oficiales, en el mejor instructor del Ejército. Fue a él a quien Trujillo entregó un grupo de jóvenes, bachilleres y universitarios, ingresados  con el rango de segundo teniente, integrado por Juan Tomás Díaz, Manuel R. García Urbáez, (Biyia), Porfirio Rubirosa, Juan Julio Morales, Adolfo Frappier Mallén, Eduardo Barrera Vega, Luis Cocco, Dorian Villalba, todos de familias de relevancia social. Este grupo  bautizó a Euclides Gutiérrez Abreu como “El Teacher”.

A partir de entonces, de su diferencia con Aníbal, el destino de “El Teacher” estaba trazado y Trujillo, “Jefe Tribal”, desconfiado, peligroso y rencoroso, le daba seguimiento a nuestro padre no obstante la protección de su hermano Héctor Bienvenido, que era en 1944 secretario de Estado de las Fuerzas Armadas. Fue  en ese período de tiempo de la celebración y conmemoración del Centenario de la República, que habían fundado Duarte y sus compañeros, que el autor de esta columna, con menos de 8 años de edad, fue a vivir en Loma de Cabrera.

El Nacional

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