Opinión

Crónica del Presente

Crónica del Presente

Por la verdad histórica
(y V)

            El 3 de enero del año 2000,  sin que nadie lo pidiera, mucho menos el autor de esta crónica, el distinguido y afamado periodista Álvaro Arvelo hijo, en su columna “Cápsulas”, publicada en este vespertino, dijo lo siguiente: “Tengo muchas y serias diferencias con el político Euclides Gutiérrez Félix. Pero admiro al historiador Euclides Gutiérrez Félix. Tengo muchas y serias diferencias con el político Euclides Gutiérrez Félix. Pero admiro al periodista. Tengo muchas y serias diferencias con el político Euclides Gutiérrez Félix. Pero admiro al catedrático…; admiro al hombre que se convirtió en el Senador más brillante en la historia republicana…; admiro al hombre que con 30 años de edad era Ministro de Interior y Policía del gobierno de la República en Armas, del héroe nacional coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.”

“Tengo muchas y serias diferencias con el político Euclides Gutiérrez Félix. Pero admiro al hombre que tras la Guerra Civil soportó con estoicismo y sin claudicaciones los rigores del exilio. Tengo muchas y serias diferencias con el político Euclides Gutiérrez Félix. Pero admiro al joven abogado, intelectual, historiador y comentarista radial de la problemática internacional que pasó por la tiranía sin mancharse ni de sangre ni peculado ni de delación.  Tengo muchas y serias diferencias con el político Euclides Gutiérrez Félix. Pero admiro al jurista de ya casi 40 años de ejercicio profesional brillante. Tengo muchas y serias diferencias con el político Euclides Gutiérrez Félix. Pero admiro al biógrafo de Gregorio Luperón, Juan Pablo Duarte, Máximo Gómez, Francisco del Rosario Sánchez, Matías Ramón Mella, Antonio Duvergé, José María Cabral, Pedro Pimentel, Gaspar Polanco…” y otros héroes y próceres nacionales, entre los cuales exalta y coloca en su sitial eterno a Ercilia Pepín, Rafael Fernández Domínguez y Caamaño Deñó.

Álvaro Arvelo hijo cierra su columna consignando: “La nueva edición de ‘Héroes y Próceres Dominicanos y Americanos’, uno de los mejores libros del doctor Euclides Gutiérrez Félix, con prólogo brillante de la doctora Alejandrina Germán, sirve para reencontrarme con la lectura de tan brillante intelectual”. Hasta aquí he glosado el artículo publicado en este vespertino el 3 de enero del año 2000. De esa tarde, inolvidable en el registro de nuestra memoria, por reconocimientos y elogios inmerecidos, que no pedimos, han transcurrido nueve años. En ese período de tiempo, que es más corto que largo, nuestra conducta en la vida pública  no ha variado absolutamente en nada. El autor de esta columna ha sido un militante combatiente y combatido, que, equivocado o no, ha creído y está convencido, sin modestia, que hemos participado siempre en la cabeza de la vanguardia de las luchas por los intereses del pueblo dominicano,  al que  admiramos,  queremos y, sin condiciones, le hemos servido.

La historia del pueblo dominicano, viril, valiente y militante, muchos años antes al nacimiento de la República el 27 de febrero de 1844, debe ser respetada en los matices y perfiles definidos de su personalidad, como conglomerado social identificado desde el siglo XVI por la lengua, las costumbres, hábitos  y religión, que terminó convirtiéndolo en la primera democracia racial del mundo, con  personalidad combativa y coherente, que sembró las raíces de esta comunidad, república hispanoamericana.

José Trujillo Monagas aparece en los antecedentes  de la historia moderna porque fue el abuelo de Rafael Trujillo Molina, alias Chapa, apodo familiar que lo señaló y distinguió hasta que asumió el poder en 1930. Trujillo, El Jefe, intolerante, rencoroso, represivo, organizado y severo, asesino político selectivo, al igual que Pedro El Grande, Zar de Rusia, y Kemal Atartuk, de Turquía, entre otras figuras, guardando las distancias,  incorporó a la República Dominicana al siglo XX. Esa es la verdad histórica. Reiteramos que la historia es una ciencia, no una pasión huérfana de seriedad en el orden documental o en testimonios.

José Juan De Dios Trujillo Monagas, quien nació en Las Palmas de Gran Canaria, el 8 de marzo de 1841, fue el abuelo, como dice la contra p ortada del libro “Los Criminales de Cuba”, editado en la colección “Desde América” por Ediciones Idea, en el año 2006, de Rafael Trujillo Molina, dominicano de pura cepa, nacido en San Cristóbal, a quien el destino convirtió, muchos años después, en el  instrumento político de acción y agresión más importante del siglo XX. Mentir, fabular, calumniar y cambiar de opinión  para complacer a los oportunistas que han hecho del antitrujillismo una profesión, es un método negativo  que persigue confundir al pueblo, actor solitario de su historia, con intención de hacerle creer que ha sido un conglomerado cobarde, servil y temeroso. A nuestro criterio lo que hemos ratificado y expuesto en cinco columnas de “Crónica del Presente”, es la auténtica Verdad Histórica.

El Nacional

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