Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

Rafael Fernández Domínguez, proclamada La Constitución de Abril de 1963, había recibido de Juan Bosch, personalmente, presidente de la República, la autorización para organizar a los jóvenes militares, subalternos y superiores, en un movimiento defensor de la constitucionalidad, trabajo que debía realizarse con la más absoluta discreción, que le daba matices de clandestinidad a la labor que se emprendía. En ese momento Fernández Domínguez era teniente coronel, jefe de la Base Militar de San Isidro, asiento de lo que era todavía la Fuerza Aérea Dominicana, que bajo el mandato de Rafael Trujillo Molina, El Jefe, era, con cerca de trescientos aviones, en poderío sino la segunda o la tercera más importante de hispanoamérica. Rafaelito Fernández era, sin quizás, el militar joven, de alto rango, que más respeto y admiración tenía en las Fuerzas Armadas de la República.

La conspiración contra el gobierno constitucional, patriótico, democrático y liberal, que encabezaba el profesor Bosch seguía su curso a toda velocidad. Al recordar aquellos momentos quienes los vivimos todavía nos sorprende el atrevimiento y la agresividad de los sectores que habían conformado ese frente para combatir a Juan Bosch. Desde luego que esa agresividad irrespetuosa, difamatoria y calumniadora, estaba apoyada no solamente por el poderoso gobierno estadounidense, encabezado en ese momento por John Kennedy, sino también, como hemos señalado, por la alta jerarquía de la Iglesia Católica y el sector más atrasado y radical de la oligarquía criolla. Ya para finales de junio de 1963 el golpe de Estado contra el Gobierno Constitucional, prácticamente estaba montado y por esas razones el presidente de la República fue convocado a una reunión con la oficialidad superior de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional en la Base Aérea de San Isidro.

El 13 de julio se trasladó Juan Bosch, acompañado solamente del jefe de su escolta personal, coronel Julio Amado Calderón, y de un ayudante civil, al escenario que se había montado para que el mayor Rolando Haché, consultor jurídico de la Fuerza Aérea Dominicana, diera lectura a un documento, que luego de una breve introducción comenzó a trazarle pautas al Presidente de la República, en un comportamiento que, en la realidad de los hechos, era una actitud irrespetuosa, prácticamente de insubordinación, contra el jefe supremo de las Fuerzas Armadas. Al llegar a la reunión le había dicho un oficial a don Juan: “Presidente, queremos hablar con usted porque estamos preocupados por las actividades de cierto sector político; queremos decirle que puede contar con nosotros en cualquier medida que usted tome contra ellos”. Esa actitud, auspiciada por los representantes del gobierno de Estados Unidos en nuestro país y con el apoyo de los otros sectores que hemos señalado, dio inicio, en términos dramáticos, a una cadena de acontecimientos subversivos, públicos y de graves consecuencias.

El Nacional

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