Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

La intervención militar ordenada por el gobierno de los Estados Unidos, encabezada por Lyndon Johnson, a partir del 28 de abril de 1965, en pleno apogeo de la Guerra Fría, más que conmover indignó a la mayoría de los pueblos del mundo, particularmente un número importante de los pueblos hispanoamericanos, aun aquellos encabezados por gobiernos conservadores o por Juntas Militares. Frente al rechazo de la acción unilateral del gobierno estadounidense, la decisión de ellos fue apoderar a la Organización de Estados Americanos (OEA), para darle aspectos de legalidad al injustificable abuso, creando una mal llamada Fuerza Interamericana de Paz (FIP), no encontrando la mayoría necesaria para esa maniobra fraudulenta, porque de los veintiún miembros de los países americanos que integraban la ya desprestigiada organización, solamente trece votaron a favor de lo que los yankees necesitaban. Trece gobiernos votaron a favor y el voto catorce fue depositado en nombre de un gobierno, el del Triunvirato, que no gobernaba al país, por un apóstata llamado José Antonio Bonilla Atiles.

Desde Puerto Rico, Juan Bosch, el patriota, el sabio, maestro político, dispuso la integración de un gobierno elegido por el Congreso, designando para el ejercicio de la Presidencia de la República, al Coronel Francisco Caamaño Deñó. La casi totalidad de los dirigentes del PRD había buscado asilo en embajadas de países hispanoamericanos, y  una figura inesperada, Luis Lembert Peguero, asumió, motus propio, la jefatura transitoria de la organización autoproclamándose Secretario General, porque quien desempeñaba esas funciones en el PRD, el señor Antonio Martínez Francisco, rico empresario, íntimamente ligado a la embajada de los Estados Unidos, se había refugiado en la base aérea San Isidro, denunciado a través de la radio que el Movimiento Constitucionalista había sido infiltrado por los “comunistas” desnaturalizando el Levantamiento Militar.

Francisco Alberto Caamaño Deñó, Coronel de la Fuerza Aérea Dominicana, convencido por Juan Bosch de que asumiera el cargo, fue elegido presidente por el Congreso de la República y tomó posesión el 4 de mayo de ese año, en el Baluarte de El Conde, en presencia de una gigantesca multitud, convocando en emotivo y breve discurso al pueblo, a defender la dignidad y soberanía nacional. Se había iniciado, desde el 28 de abril, un episodio sin antecedentes en la existencia de América, cuyos aspectos políticos en el orden internacional, por apoderamiento del gobierno de la República en Armas a través de su Ministro de Relaciones Exteriores, doctor Jottin Cury, pasaron a ser conocidos por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en el cual bajo la frontal y responsable actitud del embajador de la Unión Soviética y de la mayoría de los países del entonces Campo Socialista, el Goliat estadounidense, se vio en la obligación de modificar, de manera inmediata, las intenciones de su presencia en territorio dominicano.

El pueblo dominicano, actor solitario de su historia, legendario, David del Caribe, representado por sus sectores, militares y civiles, más dignos y progresistas, se atrincheró en la parte Sur de la vieja ciudad de Santo Domingo, proclamando en la voz del presidente Caamaño Deñó y de Juan Bosch, exiliado en Puerto Rico, que prefería morir con las armas en las manos a rendirse incondicionalmente ante los invasores extranjeros. Continuaremos…

El Nacional

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