Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

En la semana anterior hicimos un alto en la secuencia de las crónicas dedicadas a los acontecimientos que generó el triunfo abrumador por la candidatura presidencial del profesor Juan Bosch, el 20 de diciembre de 1962. Hemos narrado, apegados a la verdad histórica, los incidentes y acontecimientos que se produjeron a partir de aquel momento y más tarde de la toma de posesión como Presidente de la República, el 27 de febrero de 1963.

En la reunión del 13 de julio de ese año, a la que el Presidente Bosch había sido invitado por la jefatura militar de las Fuerzas Armadas, habían comparecido más de cuatrocientos oficiales de esa institución y de la Policía Nacional.

En ese escenario, que auspiciaba un hecho que no tenía precedentes en la historia de la República participaron también, en esas ironías de la historia, dos jóvenes oficiales superiores: Rafael Tomás Fernández Domínguez, teniente coronel de la Fuerza Aérea Dominicana, y Francisco Alberto Caamaño Deñó, teniente coronel de la Policía Nacional. De boca de ellos escuchó el autor de esta columna, a manera de testimonio, los incidentes de esa reunión. Inmediatamente al inicio de ella tomó la palabra el mayor Rolando Haché, consultor jurídico de la Fuerza Aérea Dominicana, quien trazó pautas al Presidente en el sentido de que debía actuar frente a grupos políticos “enemigos” de la democracia y de la República.

Cuando Rolando Haché terminó su exposición, Bosch con mucha autoridad contestó: “Un gobierno democrático no puede ser democrático para unos sectores y dictatorial para otros… No puede ser democrático para unos y dictatorial para otros, así como una dictadura no puede ser tiránica para unos y democrática para otros. Si Trujillo hubiera permitido libertades a un sector de los dominicanos, su tiranía no hubiera durado.” 

Ese mismo día en la noche, el Presidente Bosch relató los pormenores de su encuentro en una dramática comparecencia que hizo a través de la radio y televisión, concitando la atención del pueblo que con su instinto percibió que entraba en una de las etapas dramáticas de su vida. En la realidad histórica del momento podemos afirmar, categóricamente, que la intervención de Juan Bosch y la firmeza de sus palabras fue realmente excepcional.

Enfrentó, con decisión y energía, la provocación de ese grupo manejado por funcionarios militares y civiles de la Embajada de  Estados Unidos. Al final de ella dijo: “…no sé lo que me va a pasar, pero si me ocurre algo, a los militares demócratas de este país, al pueblo, a la juventud dominicana, quiero decirles lo siguiente: pase lo que pase, no permitan que este país vuelva a comprometerse en contratos con empresas refinadoras de petróleo, no permitan que la tierra dominicana vaya a manos extranjeras, no permitan que siga el latifundio campeando por su respeto y que los campesinos sin tierras estén recorriendo los caminos muriéndose de hambre para venir a las ciudades a pedir con las manos extendidas un pedazo de pan para poder comer.

Luchen por la independencia de la República Dominicana, pero luchen también por el mantenimiento de las libertades públicas…”. Este discurso, histórico, del Presidente Bosch, de manera clara, precisa y firme, señaló a los militares demócratas, a la juventud dominicana y al pueblo, el camino que debíamos seguir para rescatar la dignidad de la Nación, que había logrado, por más de cien años, a un costo de sacrificios increíbles, mantener los matices de su personalidad.

El Nacional

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