Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

La firmeza de la resistencia a la intervención militar de los Estados Unidos en abril de 1965, proyectó al pueblo dominicano en el escenario internacional, motivado por su conducta y firme decisión, una gigantesca y progresiva expresión de admiración por la naturaleza abusiva de la acción ordenada por el presidente de  Estados Unidos, Lyndon Johnson, convencido al parecer, al igual que sus asesores más cercanos, civiles y militares, de que la sola presencia de una avanzada del ejército más poderoso del mundo pondría en fuga a los militares constitucionalistas y a la inmensa mayoría del pueblo que los apoyaba en su acción de restablecer el imperio de la Constitución de 1963 y el gobierno patriótico, legítimo y popular que encabezaba el profesor Juan Bosch, derrocado en septiembre de 1963 por un artero golpe de Estado, apoyado por el Gobierno estadounidense, presidido por John F. Kennedy.

Desde el 28 de abril hasta octubre de 1965, el desarrollo de este episodio, de trascendental importancia histórica, y el poder de decisión de los dominicanos, con gran respaldo internacional, obligó al abusivo gobierno de  Johnson a sentarse en una mesa de negociaciones, utilizando como representante a una supuesta comisión de la OEA, bajo la jefatura de Ellsworth Bunker, agresivo anciano y veterano político, obediente a los dictados de los halcones de Washington, dirigidos por Thomas Mann, quienes rechazaron la propuesta de la vigencia de la Constitución de 1963 y el establecimiento de un gobierno presidido por Antonio Guzmán.  Esa proposición hecha por  Bosch en Puerto Rico a McGeorge Bundy, consejero de Seguridad Nacional de su país, le fue comunicada al presidente de la República en Armas, coronel Francisco Caamaño Deñó, y a su gabinete, por el coronel Rafael Fernández Domínguez, quien viajó a Santo Domingo acompañado de McGeorge Bundy y el coronel del Ejército español, Enrique Herrera Marín, instructor que organizó la Academia Militar Batalla de Las Carreras.

Entre mayo y octubre el pueblo, bajo la jefatura de los militares constitucionalistas, enfrentó, con la firmeza propia de su naturaleza, dos agresiones de la llamada Fuerza Interamericana de Paz: el 19 de mayo, como hemos señalado, y el 15 de junio, cuando se libró en la parte sureste de la ciudad capital la batalla de Santa Bárbara; en ese enfrentamiento frontal con las tropas estadounidenses, soldados puertorriqueños, particularmente, se negaron a combatir contra el pueblo y muchos de ellos dijeron después que las tropas estadounidenses a las que pertenecían, habían tenido más de doscientas bajas y heridos, propiciadas por los dominicanos.

América no había conocido,  desde la creación de las repúblicas, que convirtieron a las antiguas colonias de España y de Inglaterra en Estados independientes, un episodio tan emotivo, admirable y espléndido que era, en la realidad de los hechos, una auténtica expresión del poder de decisión y la valentía del pueblo dominicano, como lo había advertido, en actitud de reconocimiento, desde el siglo XIX, el gran maestro antillano Eugenio María de Hostos. Continuaremos…

El Nacional

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