El autor de esta columna en más de cincuenta años en la vida pública de nuestro país, escribiendo primero como corresponsal, en la campaña de alfabetización que se ejecutó en 1951, dispuesta por el gobierno de Rafael Leónidas Trujillo, para alfabetizar niños y adultos, tarea hermosa que asumimos a los 15 años de edad en el escenario geográfico de las fincas bananeras de la Crenada Company, división Berlanga, de la United Fruit Co, (Mamita Yunai), establecida en Monte Cristy, en las fincas Maguaca, Madre y Walterio, lugares donde comenzamos a defender la valentía, inteligencia y poder de decisión de los dominicanos. A partir de esa edad nos sentimos reconocedores, admiradores y propagadores del arrojo, la integridad y firmeza de nuestro pueblo.
Todo lo que señalamos nos mueve a profunda preocupación, porque cuarenta y seis años después de ese episodio inmortal que se inició el 24 de abril del 1965, parece que los dominicanos no tenemos conciencia, realmente, de lo que sucedió: la composición social de nuestra sociedad como la definió, Juan Bosch, en su estudio sociológico titulado ¨ Composición Social Dominicana¨, nos da la idea, dolorosa, decepcionante de que ignoramos lo que somos quienes hemos tenido el privilegio de nacer en esta hábitat, una de las islas del Caribe que ha ido dejando detrás, la existencia de una vida que otros pueblos del mundo admiran y respetan; razones por las cuales un jefe político de la categoría histórica de Fidel Castro nos ha llamado ¨pueblo legendario, veterano de la historia y David del Caribe¨.
El levantamiento militar constitucionalista organizado en primer lugar por el coronel Rafael Fernández Domínguez y dirigido, políticamente, por Juan Bosch, asistido, únicamente y exclusivamente, por Rafael Molina Ureña, es el episodio político militar más importante en la historia de la Nación dominicana en el siglo XX y uno de los más dramáticos, profundo, de repercusión continental en la historia de ¨Esta América Nuestra¨ como la llamó José Martí. El gran protagonista y primer actor de ese episodio fue el pueblo dominicano. No hay un actor más importante en aquel acontecimiento que los hombres y las mujeres que en él participaron.
Rafael Fernández Domínguez, Francisco Caamaño Deño, Manuel Montes Arache, Juan María Lora Fernández, Juan Miguel Román, Euclides Morillo, y los extranjeros Ilio Capocci, Andrés Riviere, Jacques Viau, el primero italiano, el segundo francés, y el tercero haitiano; Pedro Cadena, Andrés Guillén y Yolanda Guzmán y Teófilo Ortiz (Pata Blanca), fueron expresiones máximas y absolutas de ese pueblo, a quienes sumamos dirigentes políticos de la más alta jerarquía, como Juan Bosch, Rafael Molina Ureña y José Francisco Peña Gómez, quienes conformaron y dirigieron un hecho de tanta trascendencia que aun hoy 46 años después influye en la historia política y militar americana: Velazco Alvarado en Perú, Omar Torrijos en Panamá y Hugo Chávez Frías en Venezuela son los descendientes directos del levantamiento político y militar de abril, en 1965, en la República Dominicana.

