El presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep) ha propuesto un cambio de un modelo económico de consumo a otro basado en la producción. Ninguna de esas acepciones definen con claridad el tipo de molde que se sugiere.
Lo que parece objetar el ingeniero Lisandro Macarrulla es el tipo de política económica que privilegia el ingreso de divisas por vía de remesas, ingresos de capitales o endeudamiento público.
En su charla de este miércoles ante la Cámara Americana de Comercio, el ingeniero Macarrulla también censura que las disponibilidades de financiamiento sean dirigidas principalmente hacia el consumo y no al sector productivo.
Expuesto de esa manera -consumo versus producción- tal parece que el modelo económico vigente requeriría de algún tipo de reingeniería, aunque esas variables hoy en día no definen claramente las características del ensamblaje que ha de normar la economía global.
Un nuevo modelo económico debería ser definido en torno a los papeles que se asignarían al Estado y a la iniciativa privada, intervinientes esenciales en el diseño y aplicación de políticas económicas.
Hasta donde se tiene conocimiento, el modelo neoliberal, basado en la absoluta libertad de mercado o la nulidad del Estado regulador, fracasó cuando en Estados Unidos afloró la peor crisis hipotecaria, económica, financiera y bursátil en más de 80 años. A causa de la explosión de esas burbujas tóxicas que infectaron a todo el mundo, las grandes economías se alejan de los preceptos del neoliberalismo y retornan a modelo del Estado interventor.
El problema, pues, no sería el canje de un modelo basado en el consumo, como el de Estados Unidos por otro que privilegie la producción, como el de China, sino cuál sería, en cualquiera de los dos escenarios, el papel del Estado y de la iniciativa privada.
Cabe señalar que buena parte del endeudamiento externo, criticado por el ingeniero Macarrulla, ha ido a parar a bolsillos particulares a modo de subsidios y transferencia presupuestal.
Se insiste: ¿cuál modelo?

