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¿Cuál será el cambio?

¿Cuál será  el cambio?

Hay una preocupación latente en círculos de reflexión y discusión respecto al término “cambio” que, si bien ha sido políticamente enarbolado como promesa en las elecciones de los últimos 50 años, hoy se trata de otra cosa.

El recelo ahora es porque hay que cambiar, lo que empezó a suceder con la pandemia del COVID 19, creando una serie de situaciones que no podrán revertirse ya, y esto, no sabemos hasta donde lo entienden los políticos que asumirán en agosto con este cambio instalado que mantiene extrañeza e incertidumbre.
De acuerdo a un interesante artículo en BBC News Mundo, empezamos por la dependencia de la tecnología que entró abruptamente en nuestras vidas y probablemente, no se vaya más. Las plataformas digitales son, ahora mismo, la única forma de hacer muchas cosas, como trabajar, educarnos, entretenernos y comunicarnos en general. Y eso, vino para quedarse.
La economía que conocemos, ya no cuadra y por más vueltas que demos, hay que reinventarla, tanto el comercio minorista como las empresas que tenían buena salud financiera: en este mediano y largo plazo, el desempleo y la producción están siendo masivas. De acuerdo a las personas expertas, esta se parecerá mucho a una economía de guerra, que traerá mucha más pobreza, y la tarea sería, “revolucionar completamente toda la economía en un par de décadas”.
La enseñanza escolar y superior, no es ya más la misma y de hecho, se asegura que habrán niveles de desincentivo para estudiar a la manera “clásica” y el sistema educativo va a tener que inventar metodologías que, probablemente, ni imaginábamos serían posibles. Con esto, muchas “carreras” que eran atractivas por su estatus económico como promesa, caerán estrepitosamente por otras labores mucho más sencillas y necesarias.
Los combustibles tendrán que ajustarse al desbalance dejado por el COVID 19 en la economía, y también nos mostrarán un panorama diferente, probablemente mejor, pero con una explotación de recursos naturales otra que la conocida. Ya vimos como las grandes soluciones de transporte creadas antes de la Pandemia, ya no son tan útiles y nos mostraron que el pueblo puede motivar decisiones. El ejemplo de la quiebra de aerolíneas, cruceros, etc., son una muestra.

La preocupación es porque que, estas nuevas autoridades que asumen en agosto, hayan entendido que el cambio, ahora, si es un verdadero desafío que necesitará una práctica política muy diferente, imposible de ejecutar sin el pueblo.

Esto, ya no es cuestión de luchitas entre partidos. Lamentablemente, tendrán que jugar limpio y de cara a toda la sociedad. ¿Podremos?

Susi Pola

susipola@gmail.com

El Nacional

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