En la oficina, un empleado llama a otro al baño y le dice casi como un susurro: “De buena fuente, escucha esto: el jefe se está tirando a la nueva, a la mosquita muerta”.
Según el Diccionario de la Lengua Española, el chisme es una “noticia verdadera o falsa con la que se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguien”.
Hay chismes que han terminado con familias enteras; chismes que han producido peleas, rivalidades y grandes batallas. Contamos con chismes de pasillo, de vecindarios, entre líderes políticos y entre autoridades religiosas.
El gran George Bernard Shaw afirmó que: “Un chisme es como una avispa: si no puedes matarla al primer golpe, mejor no te metas con ella”. Por su parte, Bernardo Stamateas dice: “El chisme seduce, hipnotiza, fascina, atrae, encandila y también destruye”. El sabio Salomón apuntó: “Las palabras del chismoso son como bocados suaves que penetran hasta las entrañas”.
Dimes y diretes, chismes y rumores
Muchos seres humanos se regodean y saborean los chismes de forma malintencionada. El chismoso es un sujeto que procede del bajo mundo de las especulaciones; su incontinencia verbal y su falta de respeto por la verdad lo convierten en un sádico de la transmisión de mentiras dañinas, las cuales incluso exagera. Este malévolo personaje habitualmente tiene su cómplice en otro sujeto: el “corre-ve-y-dile”.
Es difícil encontrar el origen del chisme pues, como epidemia, al transformarse en rumor recorre a veces el mundo en cuestión de segundos gracias a la velocidad de las redes sociales. Un anónimo dice: “No todos repiten los chismes que oyen. Algunos los mejoran”.
Stamateas afirma que en todo rumor hay tres leyes:
Ley de la reducción: El rumor tiende a acortarse y a hacerse cada vez más conciso. Los detalles desaparecen y se reducen en su extensión. “No solo sabemos que es gay, sino que tiene pareja”.
Ley de la acentuación: Es la percepción que focaliza el rumor en determinados detalles. En todo rumor, como bola de nieve, hay exageración. “Esas gentes —refiriéndose a una familia completa— son todos unos ladrones”.
Ley de la asimilación: Los técnicos en chismes y en rumores lo van recortando para que sea más creíble. “Ya eso no es noticia, esa dama se ha sacado tres muchachos de caballeros diferentes”.
Hay tres tipos de rumores que, por su calificación, el lector inferirá de qué se trata: el rumor sigiloso (“pero eso sí… esa pendejá no está confirmada”); el rumor impetuoso (“ese decreto ya está firmado”); y los rumores sumergibles, que aparecen y desaparecen periódicamente: “El dengue se originó por un gas que tiraron en Haina; pero si viene el ébola, se va a meter por Haití, eso es un quebranto de negros”.
Ramón Escobar ha dicho: “El chisme es un noticiario hablado, portable y primitivo. Es una noticia y, como tal, no está obligado a ser cierto”. Esta última frase viene a cuento a propósito de nuestra prensa diaria (radial, televisiva y escrita), e invito a mis lectores a que evalúen las afirmaciones, especulaciones y denostaciones que por esos medios recibimos a diario.

