El común de la gente, la del pueblo, personas humildes y hasta muchas de clase media, profesionales, se han tragado el cuento de los políticos negociantes de que deben ser personas con dotes especiales, superiores, las que ocupen cargos gubernamentales: congresistas, ministros o alcaldes, y sobre todo para ser presidente, y no es cierto, cualquiera de esos cargos solo requiere de la capacidad de entender cuál es la responsabilidad y tratar de cumplirla, sin trapisondas, sin ases debajo de la manga, sin endiosamineto, y, por sobre todas las cosas, con honestidad, simplemente asumir que se es un servidor, un facilitador de que las cosas bajo su responsabilidad se den, como mandan las leyes y el sentido común.
Los vivos, los que se han servido con la cuchara de la corrupción y son ricos hasta ofender, utilizan todas la herramientas a su alcance, bendecidas por el recurso que da El Poder para mantenernos convencidos de que ellos son imprescindibles, y no es verdad, solo se necesita querer hacer las cosas bien, tener los c o los o para hacerlo y ponerle pasión, interés, pero sobre todo mucho amor, mucho amor por los demás, por nuestros semejantes.
Hace diez meses escribí, en nuestra ya disuelta columna algo más que salud: En caso de que crea, dentro de un año, que vale la pena votar, y entre a una caseta de votación, va a ser el preciso momento en que me convenza de que El Mesías no es candidato, y probablemente, en caso de que nosotros tampoco lo seamos y vista de cómo ha de conformarse la boleta electoral, vote por el doctor Julián Serulle, quien fuera, en los inicios de los años 70, mi asesor en los Clubes de Santiago.
Pensaba, entonces, que se podía conformar una tercera opción electoral con posibilidades de ganarle a los dos partidos abanderados de la corrupción, pero no se pudo gracias al ego de otros candidatos que solo atienden a preservar su figura.
Agregué, entonces: Para participar, y tener alguna posibilidad de ganar, debe reinventar el PLD, arrebatarles a Juan Bosch de entre las manos a los traidores de sus principios, garantizando un proyecto decente, que pueda ser opción de poder y tenderle una alfombra de esperanza a una masa hambreada que responde a los dictados de su miseria. No es lejos de ahí que estaremos para cuando sea presidente.

