Encontré, en mi paso por Argentina, rumbo a Uruguay, otros libros del escritor y filósofo catarmaqueño Luis Franco, y empecé a revisar uno de ellos: Biografías Animales, publicado por Ediciones Peuser en 1953, y allí encontré estas bellezas que, por su perfección, me hacen recordar a la mujer, y se las dedico a mis dos hijas, Laura, quien hoy cumple sus 24, y Ana Vanessa, quien celebrará sus 23 años el próximo martes, y a las hermanas Mirabal, porque el próximo domingo se cumple el 41 aniversario de su inmolación:
Las termitas levantan sobre el suelo construcciones hasta de ocho metros de alto, vale decir, más de mil quinientas veces su propia estatura, hazaña bastante mayor que la erección de las pirámides egipcias o de los rascacielos de Nueva York. P. 11.
Ni somos los primeros o únicos entes sociales, y ni siquiera lo somos, en cierto modo, en el grado de las abejas. Cada trabajador dice R. C. Macfie, refiriéndose a la colmena- desempeña una tarea peculiar. Hay nodrizas que buscan a las ninfas y las larvas. Hay damas para asistir a la reina, y hay ventiladores suspendidos que son abejas que airean la colmena y evaporan el agua que destila la miel; hay arquitectos que hacen el panal; hay cosecheros que recolectan la miel, el polen, la sal y el agua; hay químicos que preservan la miel mediante el ácido fórmico; hay barrenderos que mantienen limpia la colmena y sus alrededores; hay soldados que guardan la colmena y la defienden de todos sus enemigos; hay la reina cuyo único deber es el de propagar la especie. Todo ese trabajo se desempeña de acuerdo con la ley tan fiel y exactamente como un reloj.
Vivimos al margen de buscar ese tipo de perfección, y eso en parte porque no permitimos que sea la mujer, con su sentido común que apunta a lo trascendente y perfecto, la que guíe los procesos. Eso lo tendremos presente Cuando sea presidente.

