Llegó sin avisarle a nadie
Simplemente tomó un avión y se presentó en el aeropuerto. Desde allí Llamó por teléfono.
-Soy yo, Pablo- Se escuchó una voz. -¿Qué Pablo?- preguntó el interlocutor. Pablito- dijo el visitante. – ¡Coño, no joda! ¿Dónde tú estás? respondió el amigo. -Estoy en el aeropuerto. Ven a buscarme- ordenó. -¿Dónde? ¿En el aeropuerto? Estoy ocupado, pero no importa, lo dejo todo y salgo. En media hora estoy ahí. No te muevas.
En efecto. Era Pablo Milanés, el cantante y compositor cubano que luego de unas presentaciones en Puerto Rico decidió dar un salto para saludar a sus amigos de la República Dominicana. Pablo Milanés es un ser humano extraordinario, dueño de una sensibilidad que le brota por los ojos y por su sonrisa. -En este país tengo amigos imperecederos. Amigos verdaderos con los que he compartido momentos memorables.
Aquí he encontrado cariño, solidaridad y comprensión cuando ha sido preciso- comenta. Lo dice con una naturalidad extraordinaria. En pocos países del mundo me siento tan a gusto y tan feliz como aquí.
Su esposa Nancy, una española que nos mira y nos saluda a todos como si nos conociera de siempre, aunque es la primera vez que nos ve, dice: Es verdad, dice, pocas veces lo he visto tan contento como entre ustedes. Ella hace empatía con el grupo rápidamente. Saluda, abraza, hace fotos. No hay extraños para ella. Los amigos de Pablo son sus amigos sin vacilaciones. Tommy García, el Gordo Oviedo, Víctor Víctor, Vitico, José Antonio Rodríguez, Minou Tavarez Miraval, Sonia Silvestre y su marido el Negro, Soledad Álvarez, entre muchos otros, nos sentimos regocijado por la visita inesperada de este amigo entrañable al que no veíamos desde hace algunos años.
Pablo Milanés es un amigo de siempre de la República Dominicana. No es la primera vez que viene a pasar unos días con su gente, hombres y mujeres con los cuales tiene una relación de amistad por más de 30 años. La relación con sus amigos dominicanos no está condicionada a su condición de artista, ni por la venta de sus discos. Para recibirlo como un hermano no es preciso que tenga un tema en la radio o una producción en las tiendas, ni conciertos en el Teatro Nacional. Entre sus amigos no tiene que cantar, solo tiene que abrazar y que besar. Su calor humano nos llena a todos de alegría. Estábamos cenando en el Vesuvio cuando preguntó por Yaqui Núñez del Risco. Todos nos miramos. -¿Qué pasa con Yaqui?- preguntó. Está enfermo. Le dio un derrame cerebral que lo mantiene sin poder hablar ni caminar. Está vivo de casualidad- El rostro le cambió por completo. Qué pena. No me digas una cosa como esa que vaina me gustaría verlo aunque no sé si tenga el valor para verlo así- comentó.
Para romper el momento de angustia José Antonio Rodríguez le preguntó a Pablito si recordaba una canción que Yaqui le escribió hace muchos años. No la recordaba. Pero José Antonio le cantó unas estrofas.
Ahora la recuerdo. Preciosa canción, dijo Pablito. Y proseguimos la noche sin importar que se nos fuera la mano, porque cuando un amigo regresa, la vida se nos hace larga y la noche corta.
