Nadie podría, con razón, escamotear la trascendencia de las protestas sociales que se han registrado en los últimos días, no solo contra la reforma tributaria que ha impuesto de forma autoritaria el gobierno, sino también reclamando que se establezcan responsabilidades sobre el ilegal déficit fiscal que se produjo este año.
Un elemento resaltante es la incorporación de segmentos de la juventud de clase media, lo cual aporta al proceso su capacidad creativa, su potencialidad con el manejo de las redes sociales y su disponibilidad en términos de tiempo y recursos. Sin mencionar que la historia demuestra la incidencia de ese sector social en la generación de cambios en diferentes órdenes.
Sin embargo, todo lo que está ocurriendo debe ser abordado con extrema cautela y con mucha inteligencia como único mecanismo de canalizar las cosas por el sendero más provechoso y catalizar la consecución de los objetivos perseguidos.
Estamos en presencia de acontecimientos de naturaleza esencialmente política y, en ese sentido, es preciso manejar el tema con el rigor que exigen los asuntos de ese tipo. Hay que recordar, para quienes puedan dudar de que se trata de factores políticos, que solo decisiones en ese ámbito podrían determinar que se satisfagan las aspiraciones planteadas por los manifestantes. De esa forma, es en el terreno político que nos estamos manejando.
Hay que evitar a toda costa la desestructuración de los movimientos que se están expresando porque eso plantaría en su seno la semilla perniciosa de su agotamiento. La diversidad de los impulsores de lo acontecido es positiva en su esencia, pero si la misma se traduce en dispersión, entonces se convierte en un ingrediente bastante negativo.
En el escenario descrito, resulta urgente que a esta lucha se le de continuidad, haciendo lo necesario para proyectarla y para que sea en realidad algo estructurado, bien planificado, organizado y con una clara determinación de los propósitos anhelados y de los instrumentos que puedan coadyuvar a materializarlos.
De lo contrario, se podrían estar reiterando errores del pasado y reciclando el círculo vicioso de expresiones sociales que no trascienden y que no van más allá de simples coyunturas.
Lo que se ha iniciado, por su novedad, su creatividad, sus grandes probabilidades dentro de un marco donde están dadas las condiciones objetivas y, sobre todo, por su incuestionable legitimidad, no merece que se deshaga en el camino a causa de vicios que hace tiempo debieron ser superados.

