Opinión

Cultura de la corrupción

<P>Cultura de la corrupción</P>

La suspensión  de nuestros peloteros Melky  Cabrera y Guillermo Mota,  de los Gigantes de San Francisco, y de Bartolo Colón,  de los Atléticos de Oakland,  ha resultado decepcionante para  gran parte de la fanaticada dominicana  que sigue el béisbol de las Grandes Ligas.

Aunque se sabe que cualquier persona hoy día puede estar utilizando uno que otro medicamento, e ignorar que su composición química contiene esteroides, el caso de estas tres estrellas de nuestro  deporte rey resulta ilustrativo de la cultura de la corrupción, lastre avieso  que  forma parte de la idiosincrasia dominicana, y que lleva a muchas personas a transgredir las reglas.

La mayoría  de la gente en nuestro país está imbuida de un conjunto de anti -valores  que en la mayoría de los casos representan un ruptura con las normas y leyes que rigen todo el tejido social. Se  persigue  acumular riquezas por  vías no institucionales, utilizando formas deshonestas o fraudulentas  para tales fines.

         La cotidianeidad dominicana  está llena  de actos, en donde  hombres y mujeres buscan lograr metas y propósitos  utilizando el recurso de la corrupción, y desde le violación a una luz  roja  de un semáforo   (que ya es consuetudinario en una parte significativa de la gente),  hasta la utilización de los llamados “chivos”  en la escuela, pasando por la corrupción  en las instituciones tanto públicas como privadas, confirman la praxis de una cultura de la corrupción.

         Ante la corrupción, presente en la mayoría de los actos de dominicanos  y dominicanas, se hace perentorio  desmontar esas prácticas aberrantes, que nos empobrecen e impiden el avance de la sociedad. Campañas  de valores, como las desplegadas  por la ex  Primera Dama Margarita Cedeño, es imperativo   respaldarlas, y  la ciudadanía debe  asumir  principios morales opuestos a la dañina  cultura del peculado.            

El Nacional

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